Inmóvil

Dios no quiere hacerlo todo, para no quitaros el libre albedrío y aquella parte de la gloria que os corresponde. Nicolás Maquiavelo. Sin lugar a dudas, la libertad reside en el ser, no en el actuar. Cada elección que tomamos en la vida ...

Dios no quiere hacerlo todo, para no quitaros el libre      

    albedrío y aquella parte de la gloria que os corresponde.    

Nicolás Maquiavelo.

Sin lugar a dudas, la libertad reside en el ser, no en el actuar. Cada elección que tomamos en la vida proviene de la necesidad y eso es lo que nos mueve y nos determina. Las necesidades surgen de la esencia de cada uno, son absolutamente personales y es a partir de esa naturaleza que se elige. Somos lo que elegimos ser. Por eso sorprende tantas veces cómo se decide no elegir, o eligiendo se elige mal. La fábula del Asno de Buridán lo explica bien, esta fábula trata de un asno hambriento que se encuentra a la misma distancia entre dos fardos de heno iguales y no sabe hacia cual dirigirse, se queda inmóvil en su necesidad y muere de hambre.

Y ocurre muchas veces que se elige la inmovilidad, cuando se cree que se tienen dos opciones iguales frente a uno mismo, a esto se le denomina albedrío de la indiferencia.

La realidad es, que quienes se sitúan en ese espacio de la inacción no carecen de voluntad, de deseo o de necesidad de actuar, sino de una falta absoluta de entendimiento de lo que deben elegir y del porqué, del para qué y del cómo… La parálisis frente a una elección ocurre cuando no se tiene completo conocimiento de uno mismo y de lo que en realidad desea para su vida. Y sí… como el Asno de Buridán… cuántos se quedan mirando las opciones que erróneamente, por falta de análisis, eligen considerar que son iguales. En la vida, todas las opciones que se nos presentan ante una necesidad son distintas, pero se olvida. La indiferencia sólo existe para los ojos del egoísta, del soberbio y del amedrentado.

La voluntad sigue necesariamente al juicio del entendimiento, al bien mayor, a lo que hemos reflexionado, razonado, comprendido y aquel en el que podemos observar que existe una trascendencia, una bondad a futuro que nos beneficie, que nos permita crecer y evolucionar… que nos permita trascender. El problema grave es que la voluntad no puede elegir cuando considera que dos bienes son iguales… la parálisis existe entonces, cuando no se elige conocer a profundidad lo que deseamos, cuando no se quieren razonar nuestras propias necesidades, cuando no se quieren reflexionar y cuando, peor aún… no podemos ver en ellas esa trascendencia.

La parálisis frente a una elección siempre es cuestión de desconocimiento, de la inminente necesidad práctica de querer darle un mismo valor a todo, y no, no todo tiene un mismo valor y mucho menos la libertad. No todas las opciones de nuestra vida son buenas y no todo lo que elegimos lo es, por falta de conocimiento sobre uno mismo y sobre lo que se nos presenta como opciones para resolver nuestras necesidades.

Por eso, hoy le invito a ver su vida y a analizarse frente aquello que no le permite avanzar, reflexione sobre sus actitudes y sus hábitos frente a lo que desea lograr y reflexione también, sobre las opciones que tiene para alcanzarlo, porque es muy probable que esté equiparando sus bondades y negándose a responsabilizarse de lo que seguramente esas opciones implican para usted. La libertad se educa eligiendo y responsabilizándose en cada elección.

La inmovilidad se origina dejando de elegir y permitiendo que las justificaciones detengan nuestra evolución. La libertad necesita voluntad para existir y la voluntad necesita motivarse a través del conocimiento. Recuerde que la inmovilidad existe cuando el miedo y la desidia son mayores que el propio deseo… Como siempre usted elige.

¡Felices reflexiones, felices elecciones!

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