La cura

Una colección de pensamientos debe ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males. Voltaire Todos los males son personales, no existe ninguno que no lo sea, simplemente porque en sí mismos no valen nada… el valor se lo da ...

Una colección de pensamientos debe ser una farmacia donde se encuentra remedio a todos los males.

                Voltaire

Todos los males son personales, no existe ninguno que no lo sea, simplemente porque en sí mismos no valen nada… el valor se lo da uno. Por eso, todo aquello que nos afecta no depende de ninguna otra circunstancia fuera de nuestro propio pensamiento que así lo permite, lo valora y lo califica.

Es nuestro pensamiento quien acepta los daños como tales y ha de ser también por esa única razón el que cuente con las herramientas necesarias para sanarlo. Es el propio pensamiento quien tiene el poder de hacernos padecer y también de curarnos.

 Frente a un mal se suele pensar en quién lo provocó, en las razones de esa provocación, en los antecedentes, en las causas, en las justificaciones; se piensa en la traición, en el dolor, en los daños, en las culpas, en las razones de lo ocurrido, incluso en las posibles soluciones y enmiendas, se piensa en todo… a fin de tener una respuesta precisa sobre el porqué  de las acciones del otro… porque siempre se refieren al otro u otros, pero muy pocas veces hacen referencia a uno mismo.

Pocas, muy pocas veces, frente a un mal nos referimos y nos adentramos en nosotros mismos, en por qué hemos convertido esa acción en un daño directo, en por qué nos afecta y el grado de afectación y lo que sigue después… qué necesitamos, qué queremos, cómo lo vamos a resolver y, lo más importante, cómo vamos a salir adelante, cómo y cuál es la cura a ese mal… En eso pocas veces se piensa y es esencial, porque es casi imposible que alguien venga a resolverlo por nosotros de la manera que necesitamos.

Por eso, hoy le invito a conocerse más… a amarse más, a protegerse más y, sobre todo, a independizar su equilibrio personal del entorno;  créame, no importa lo que sea que pase, el control de lo que usted es no puede nunca ser transferible ni mucho menos subordinado a nada ni nadie.

Usted no puede cambiar a nadie… pero sí puede cambiar cómo le afectan las cosas y las personas que le rodean, deje de preocuparse tanto, deje de preguntarse tantos porqués, deje de indagar las razones de los otros, cada quien es como es y hace lo que considera, deje que lo hagan y haga usted lo que debe hacer a fin de asegurar su bienestar. Créame, por más diligencias que procure, jamás conocerá de forma certera, el fondo ni el trasfondo de las acciones ajenas. Lo que siempre puede conocer profundamente es a usted mismo, si así lo elige.

Elíjase. Elija conocer de usted cada recoveco, cada espacio de luz y de sombra, cada falta, cada error, cada costumbre arraigada, cada hábito, cada silencio, cada razonamiento, cada conclusión, cada sentimiento, cada emoción, cada mejora, cada necesidad… y por qué no… cada necedad y cada vulnerabilidad… porque es muy probable que ahí encuentre esas áreas que necesitan de fortaleza, de apoyo y sobre todo de atención… nunca se trata de los demás, siempre se trata de uno.

Conviértase en el hacedor y en el procurador de sus pensamientos y permítase ser usted y no otro el que los tenga bajo control. Usted es su mejor y mayor inversión.

Le aseguro que los males del pensamiento se curan con el buen pensamiento, con los pensamientos correctos, con la aceptación de lo que es, con la constancia, con la perseverancia, con la intención y la voluntad de llevar su vida a otro nivel, a un nivel que supere las terrenales consideraciones ajenas, usted tiene que saberse superior a todos los demás pensamientos, simplemente porque su pensamiento es el único que puede dominar y siempre vencerá aquel que se conoce a sí mismo.

Por eso no demore más y confíe en usted, tenga la certeza absoluta de que si usted no lo permite, nadie puede causarle un mal, y si llegase a pasar —porque es humano y necesario también vivir esas experiencias—… aprenda a escucharse, aprenda a reconocer a qué o a quién le llora, a qué o a quién le sufre, a qué o a quién le teme, qué le amenaza, qué le roba su paz, su calma, su cordura, su estabilidad y enliste cada qué, cada quién, cada por qué, cada cómo y todas aquellas cosas que le permitan conocerse más y resolverse mejor en la vida.

Porque siempre habrá algo que no salga como se espera, alguien que no responda conforme a lo acordado, algo que no funcione como es debido, algo que se lleve a cuestas, algo que se haya pretendido olvidar, algo que duela, que le haga sentir incapaz, vulnerable, frágil, algo que le haga llorar… pero también siempre habrá algo que pueda reconfortarle, hacerle ver que todo pasa, que lo que está por venir siempre es mejor, que nuevas oportunidades surgen todos los días, que los pensamientos y las apreciaciones cambian, que lo acordado nunca es eterno, que todo funciona como debe de ser, porque siempre existen más opciones, que lo que carga consigo puede dejarlo ir, que la pretensión del olvido puede ser una realidad, que el dolor puede acabarse, que la incapacidad, la vulnerabilidad y la fragilidad no son un defecto sino una razón más para ser más flexible, para intentarlo otra vez y quizá también… sea el momento perfecto para decir lo que se deba decir a fin de encontrar todas las verdades que necesita.

Créame, la vida debe de vivirse siempre de la mejor manera posible, nunca permita que nada que le impida llevar esa vida que desea dependa de algo o de alguien fuera de usted mismo. Cuando sepa curarse, cuando sepa sanarse…  habrá comprendido que todo en su vida es posible y, si necesita de algo o de alguien para alcanzar ese estado de equilibrio, elija a las personas correctas para que le acompañen en esos nuevos descubrimientos…. Se sorprenderá de todo lo que es capaz… se lo aseguro…

¡Felices pensamientos, felices curas!

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