Única necesidad
El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional. ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional.
José Ortega y Gasset
Una de las razones por las cuales muchas personas no pueden avanzar en la vida, surge del error que cometen al elegir aquello que buscan, que piden, que imploran, que solicitan o, también, en aquello que a sí mismas se niegan. Y nunca se trata del otro, siempre se trata de uno mismo y de lo que pueda o no atreverse a conocer de sí.
Se cree, siempre se cree que se necesitan muchas cosas para avanzar, para crecer, para decidir, para elegir, para seguir adelante y no... no se necesitan tantas cosas... nuestra única necesidad incondicional es conocer la verdad. Esa verdad que se pretende intuir fallidamente, esa verdad que se pretende obtener a través de explicaciones, de querellas, de insinuaciones, esa verdad maquillada que se prefiere —a veces sin reconocerlo— simplemente por miedo. Esa verdad que se niegan algunos a asumir, esa verdad que finalmente nunca se sabe exigir por la vía de las razones correctas. Porque se piden verdades y se obtienen sólo justificaciones, disculpas, argumentos más o menos convincentes pero sólo eso... la verdad que realmente necesitamos no está ahí sencillamente porque en el fondo quizá no se quiere descubrir. Me resulta increíble el hecho de que algunas personas sigan prefiriendo una verdad a medias, e incluso una mentira, con el fin de no tener que cambiar todo aquello que, saben, deben cambiar. Algunos llegan hasta el punto de preferir el silencio, el ilusionismo, la irrealidad... y todo lo que sea necesario con objeto de no tener que enfrentarse a eso que tanto temen, la soledad, la independencia, la realidad… y lo que es peor aún, el miedo a enfrentarse a uno mismo.
Porque quien no quiere conocer la verdad no quiere tampoco conocerse a sí mismo, a sus verdaderas necesidades, a sus verdaderas carencias y a sus verdaderas ideas, creencias, sentimientos, pensamientos, deseos, ilusiones o metas... quien no quiere conocer la verdad... no quiere tampoco enfrentarse con su propia y profunda verdad que, forzosamente, van de la mano aunque haya quien lo niegue. Todos tenemos las verdades que nos mueven a hacer o dejar de hacer. La diferencia es quiénes las utilizan y quiénes las denigran. Quienes las denigran absurdamente prefieren utilizar las verdades ajenas para funcionar en la vida y el obrar de esa manera sólo los conduce a dejar de hacerlo. Se lo digo porque es muy común que en las relaciones sociales, de la naturaleza que sea, algunas personas suelen detener parte de su desarrollo, esperando una verdad que nunca llega... o una verdad que, llegada, no se quiere ver... o también una verdad, que aún aceptada, no se quiere asumir.
Y se cree que se necesita más análisis, que son necesarias más explicaciones, y no... yo no lo creo. Lo único que se necesita es la disponibilidad y el deseo de reconocer esa verdad del otro para, al asumirla como propia, seguir adelante. Eso es todo. Por eso considero que el problema está en la franqueza y honestidad que se le exige a los demás, en las preguntas bien razonadas que se les plantean, en las respuestas sinceras que se quieren obtener aunque no sean las que más nos gustarían. Créame, de eso dependen sus mejores elecciones aunque muchos sigan culpando a los demás de sus infelicidades.
A la verdad se le teme... a la propia y a la ajena, por eso no se le enfrenta y se le sigue tratando a manera de intercambios mínimos y sutiles... y la verdad no tiene características ni modismos, no puede tenerlos, es lo que es y... su misión no es ser adaptativa, es uno quien se tiene que adaptar a la verdad, no la verdad la que tiene que adaptarse a los deseos o los quereres personales. Me resulta ominoso la manipulación patológica en la que deciden vivir todos aquellos que insisten en adecuar sus verdades y, peor aún, las verdades ajenas. A la verdad se le pretende interpretar y la verdad tampoco es interpretativa: la verdad es clara y precisa nos guste o no, esté o no esté a nuestro favor y funcione o no para lo que necesitamos o queremos. La verdad es así, directa y concisa. Penosamente la mayoría de las veces... aún conociendo la verdad, se manipula e interpreta a favor de uno, irremediablemente se comienza a creer nuevamente en una mentira. Una verdad interpretada y manipulada... es una verdad alterada. Por eso hoy le invito a elegir las preguntas correctas a fin de obtener las respuestas necesarias que nos permitan asumir las verdades que se requieren para avanzar. Recuerde que las verdades son personales, que la verdad de uno no puede ser la verdad del otro, que cada quien vive su vida de acuerdo a sus parámetros de historia, de creencia, de pensamiento de razonamiento, de emoción y, sobre todo, de experiencia y es a partir de ahí que se construyen las verdades personales. Solicitar una verdad del otro implica reconocer que esa persona tiene el mismo derecho inalienable que nosotros para poder hacer con su vida y de su vida lo que mejor le convenga y manifestar libremente sus verdades, sin que tenga que mediar una interpretación de nuestra parte. Las verdades ajenas deben de aceptarse como si fuesen de uno y respetarse de la misma manera, ésa es la única verdad que realmente necesitamos, así... clara y directa como es, sin interpretaciones, sin acomodamientos, sin complicaciones, sin cuestionamientos y por supuesto... sin miedo.
Créame, aprender a respetar las verdades ajenas es también aprender a respetarse a uno mismo y facilita la vida en todos los aspectos simplemente porque quien sabe la verdad camina sobre un terreno firme y seguro, con pocos márgenes de error y sin espacios para la imaginación y las expectativas. Usted y su vida necesitan de verdades para avanzar, acéptelas, asúmalas y continúe. Como siempre usted elige, pero en mi experiencia he aprendido que esa es la única respuesta que se necesita, las disculpas son para quien se siente ofendido pero no resuelve la naturaleza de la afectación. Los argumentos tampoco, porque pueden ser muy pendencieros, las quejas tampoco resuelven nunca nada y las justificaciones sólo son retórica... nunca se acercan a la verdad. La verdad, finalmente, es la verdad de lo que dice ser el otro, es la verdad de lo que uno es y eso es todo lo que se necesita para avanzar... lo demás... son sólo verdades a medias o mentiras incompletas... usted elige sobre qué construye y sobre qué avanza o deja de hacerlo.
¡Felices preguntas, felices respuestas y, sobre todo, felices verdades!