Líder en papel
El poder más peligroso es el del que manda pero no gobierna. Gonzalo Torrente Ballester En la vida… siempre lo he dicho… elegir nunca es lo más difícil, ni lo más complicado y mucho menos lo más interesante. Lo difícil, lo complicado y lo interesante ...

Paola Domínguez Boullosa
La coach
El poder más peligroso es el del que manda pero no gobierna. Gonzalo Torrente Ballester
En la vida… siempre lo he dicho… elegir nunca es lo más difícil, ni lo más complicado y mucho menos lo más interesante. Lo difícil, lo complicado y lo interesante siempre viene después de que se toma la decisión y se elige.
Por eso lo más importante siempre será el día después, las semanas, los meses y los años que vienen después… elegir es sólo el inicio de una aventura, lo que suceda a posteriori es lo que hace que esa aventura haya valido el riesgo, la pena y el esfuerzo o no haya valido, absolutamente nada.
Por eso la valentía, el talento, el talante, la inteligencia, la pasión y la voluntad del primer día nunca puede compararse con los días que vendrán después. Por eso siempre le he afirmado que lo mejor siempre está por venir…
Siempre está por venir… porque es la práctica de la elección, lo que la pone a prueba y termina por confirmarnos o no, su éxito o su fracaso.
Y me sorprende con cuanta liviandad se toma la gente el día después, el tiempo después, el tiempo de prueba, la confirmación… me sorprende porque la mayoría cree que es en el poder de la elección donde radica el cambio y no, los cambios siempre radican en el compromiso que se adquiere y se ejecuta después. El inicio sólo es eso un inicio, una coma, dos puntos, puntos suspensivos, nunca un punto final eso… nunca.
Esa actitud, desafortunadamente tan común, es casi como considerar que se ha leído un libro, sólo conociendo los títulos de cada capítulo. Increíble, porque la verdadera esencia de los seres humanos, la importancia y el valor de lo que son, nunca se reduce a un título académico ni siquiera a una trayectoria ni a una lista interminable de reconocimientos… es la forma de ser, es la experiencia… es incluso la aventura de experimentar y experimentarse, lo que finalmente define quién es uno.
Se lo digo porque en mi consultoría, veo con demasiada frecuencia a personajes con organigramas repletos de títulos rimbombantes, con currículos más o menos impresionantes. Potentados personajes, muchas veces desconocidos, desgraciadamente no sólo para mí, sino también para sus demás colaboradores, a los que por alguna razón de oportunidad, no les permiten pertenecer a las estructuras de poder.
Créame, es difícil de clarificar esos organigramas, y no tanto por las estructuras increíbles que llegan a manejar, sino por los perfiles de las personas que ostentan los diversos puestos. Podría asegurar, que son muy pocas las empresas que están o fueron fundadas por líderes natos y que procuran a su vez, formar otros líderes similares o superiores a ellos. Difícil en un México como en el que vivimos, donde los parámetros de éxito y liderazgo se miden a partir de escalas tan subjetivas como increíbles e inciertas.
Subjetivas, increíbles e inciertas, no sólo para mí, aunque tratan de explicarlas sin mucho éxito; sino también para todos sus colaboradores que nunca saben claramente qué es lo que necesitan hacer, para poder alcanzar esos puestos que siempre han soñado. Las elecciones que toman algunos empresarios, para liderar el poder, implica ser líder todos los días y no es válido escudarse en un enmarañado organigrama para dejar de serlo por desidia.
Y cada dirección tiene el derecho de seleccionar sus parámetros, sus escalas, sus “líderes” y la estructura de sus organigramas, pero lo que sí debo advertir, es que son pocas las veces donde se seleccionan también con la misma precisión, las habilidades humanas para desempeñar, los puestos más altos, los demás poder, los que ponen el ejemplo, los que guían, los que empoderan y sobre todo los que inspiran al resto a ser lo mejor que puedan llegar a ser.
Seguimos operando en un sistema empresarial en su mayoría de dictaduras y absolutismos, repletos de organigramas complejos, títulos impronunciables y rostros desconocidos, seguimos operando bajo la ley del poder y no del desempeño y los valores, seguimos dividiendo las estructuras sólo en dos, el que manda y el mandado, se sigue creyendo absurdamente que un título otorga a un jefe las habilidades de un líder…
Y no siempre, los jefes o aquellos que ostentan el poder son líderes, sino simplemente... mandatarios.
El líder es mucho más que el nombre, que los títulos y los reconocimientos plasmados en un organigrama o los requeridos por un perfil, los líderes de verdad son aquellos que suman en su vida la formación de más líderes, son aquellos que trabajan más que los demás, son los que siempre están dispuestos a aprender de todo y de todos, son lo que siempre tienen algo que aportar, algo que enseñar, algo que admirar, algo que cambiar, son aquellos que ante las crisis saben tomar decisiones y hacer que los equipos se enamoren de ellas, son los que inyectan pasión, aportan sensibilidad, comprensión y escucha, son aquellos que aplauden cada éxito y saben compartirlo, son aquellos que ven crecer a los suyos con el mismo orgullo con el que se ven crecer a sí mismos, son los que saben reír, los que saben comunicarse, los que saben explicar con paciencia, los que guían, los que construyen y sobre todo, los que saben formar personas únicas, diferentes, capaces, sensibles, flexibles y visionarias.
El resto, el resto no son más que líderes de papel… de organigrama. Líderes por elección que ahí se detienen en el primer paso, en el inicio de una aventura que nunca se concreta. Por eso siempre será mejor elegir para nuestras empresas organigramas reales, con puestos reales, con exigencias, deberes, metas y objetivos reales, con incentivos reales y sobre todo con jefes que sean líderes reales y no simples mandatarios.
Como siempre usted elige, si continúa en esos sistemas de papel al día de la elección, o se arriesga por un sistema más real y humano dónde todos puedan experimentarse y alcanzar su máximo potencial, porque es en esa ecuación dónde el éxito es seguro… formar líderes es formar seres humanos preparados y seguros para lo que viene después… en ese después dónde lo mejor siempre está por venir.
¡Felices elecciones y felices organigramas!