Actualidades en materia de tiranía

Tiranía y tirano son vocablos que proceden de la Grecia clásica y que, como todo lo que conformó esa cultura, siguen perfectamente vigentes, salvo, quizá, porque hoy tienen más de calificativo que de sustantivo. En aquella Grecia que ya había inventado la ...

Tiranía y tirano son vocablos que proceden de la Grecia clásica y que, como todo lo que conformó esa cultura, siguen perfectamente vigentes, salvo, quizá, porque hoy tienen más de calificativo que de sustantivo. En aquella Grecia que ya había inventado la democracia se podía acceder al poder si se era elegido por el pueblo, o el poder se podía usurpar por la fuerza, sin que la segunda posibilidad fuera necesariamente mal vista; había, entonces, tiranos que gobernaban bien y constituían tiranías prósperas. El antiguo imperio romano transcurrió más de 600 años por la senda de la democracia. Luego fue un imperio con poder absoluto e ilimitado para quien gobernaba: la Roma de los “césares”. Más tarde surgiría en Occidente una práctica que ya era común para muchas culturas orientales: el poder venía con la genealogía, es decir, se heredaba. El principio funcionó 13 o 14 siglos de reinos y reyes, emperadores e imperios, hasta las revoluciones que se iniciaron en las últimas décadas del siglo XVIII. A partir de entonces debíamos gobernar todos porque a todos nos asistía el mismo derecho. Tuvimos que inventar la democracia, concebida para permitirnos entregar el poder una vez que hubiéramos ejercido nuestro derecho por vía de las elecciones.

De vuelta a los tiranos, la tragedia hace 25 siglos podía radicar en la incapacidad de quien se apropiaba del poder y gobernaba mal. Imposible —conste— proponer siquiera que los gobernantes electos por vía de la democracia habrán sido históricamente mejores que muchos reyes, emperadores y tiranos. Mi pasión, está claro, tiene que ser para América Latina. ¿Tiranías? Muchas durante el siglo XX, ninguna, considero, que haya hecho un buen gobierno. ¿La de actualidad?: Nicolás Maduro, tirano de una trágica Venezuela. No hay mucho en su vida para especular sobre las razones de su “Presidencia”. El hombre parece haber sido lacayo siempre, colaborador, servidor, perro de presa si acaso. Es decir, que nunca fue por delante. A ello hay que agregar que dondequiera que anduvo y con quien hiciera causa, Maduro siempre estuvo encargado de romper con esto, acabar con aquello, pervertir a algún sindicato o combatir —por encargo siempre— el poder legítimo; apto para la destrucción, nunca encabezó tareas nobles. Destacan sus nueve años como chofer de autobús, previos a los años clave de su trabajo político, inexplicables para quien quiera ver en Nicolás a un líder. De esos años sigue su contacto inicial con Hugo Chávez y el servilismo vergonzoso que caracterizó la relación de ambos personajes, explicando a la postre que Chávez lo nombrara sucesor, apostándole tal vez a la inercia, a las cosas que ya estaban marchando y que no requerían un gobernante, justificando apenas un vigilante.

Dos preguntas han sido las más consistentes: ¿Maduro es de verdad estúpido?, la primera; ¿será derrocado y echado del gobierno?, la segunda. Vayan históricas evidencias de estupidez, irreversible como todas: “Es morosidad…, tiene que ver con la producción de moras”. “Aprobé recursos para todos los liceos y liceas”. “Apelo a mi inteligencia para hacerme el estúpido y de esa forma hacer noticia”. “El expresidente Uribe se quedó en los tiempos de la guerra fría de 1715”. “No dudé ni un milímetro de segundo”, “cultivar pollos”. Del derrocamiento no puede haber duda, aunque nadie puede decir cuánto tiempo llevará. Mientras, un pueblo noble padece hambre, enfermedad, pobreza y corrupción extrema. Me sucedía con Chávez, con Maduro se me ha hecho más evidente: confundo —la edad, será— a los tiranos venezolanos con cierta estirpe de políticos mexicanos. “Chavistas mexicanos”, les ha llamado Raúl Trejo. Aterrador que una nación —ha pasado en tantas— de repente se sepa destrozada por un gobierno parido por la peor de todas las putas: Doña Democracia. Un abrazo con mi mayor simpatía a todos los venezolanos del mundo.

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