Urgente cambiar paradigmas: por una economía circular en el siglo XXI
Por José Ramón Enríquez Durante años, las sociedades se han inmerso en una carrera de innovaciones, en donde los adelantos en diversos rubros les posicionan sobre otras como naciones líderes, sin embargo, muchos de los procedimientos empleados han ido comprometiendo ...
Por José Ramón Enríquez
Durante años, las sociedades se han inmerso en una carrera de innovaciones, en donde los adelantos en diversos rubros les posicionan sobre otras como naciones líderes, sin embargo, muchos de los procedimientos empleados han ido comprometiendo los recursos naturales, pero sin una conciencia de las graves consecuencias medioambientales ocasionadas.
Se ha dado una alternancia de generaciones, prevaleciendo un modelo de economía lineal desgastante y destructivo del medio ambiente, acelerador del cambio climático y sustentado en el trinomio producir, consumir y desechar, un sistema al límite y que, de continuar, nos arrastrará a la peor crisis de la humanidad. Enfrentarse a un cambio de paradigmas conlleva reticencia, pero también representa una “esperanza” y “una nueva oportunidad”.
Trascender hacia una economía circular es una cuestión conceptual, es abandonar aquel discurso hueco y simplista para construir, desde raíz, un modelo que cambie nuestras creencias más profundas, hábitos, nuestra manera de pensar y actuar, con gran visión, sensibilidad social y rostro humano.
Ante el crecimiento poblacional, será necesario “replantearse” la forma de satisfacer y mantener el actual modo de vida de las personas; porque si algo es incuestionable es que “nos estamos acabando el planeta” y, quien crea lo contrario, vive anclado a una realidad cómoda y conveniente, ignorando las circunstancias de nuestra naturaleza y de todas las especies.
Es urgente el cambio de paradigma de una economía lineal (producir-consumir-desechar) por el de una economía circular (reducir, reusar y reciclar) para, con esto, consolidar en México un crecimiento inteligente, sostenible e integrador.
La economía circular plantea “cerrar el círculo”, al mantener el valor de un producto, los materiales y los recursos durante el mayor tiempo posible, lo que, consecuentemente, implicaría un uso eficiente de los recursos, permitiendo responder a los desafíos inherentes del crecimiento económico, demográfico y productivo, articulando un verdadero “desarrollo sostenible”.
En años recientes, la economía circular se ha acuñado como una estrategia regenerativa y restauradora; es una apuesta ambiciosa y desafiante que va a requerir de una transformación de los medios de producción, cadenas de suministro, hábitos de consumo, pero, sobre todo, de un verdadero compromiso de los gobiernos a través del despliegue de políticas públicas integrales, lo que, sin lugar a duda, se reflejará en aspectos positivos en materia ambiental, económica, social y que requieren enfrentar el reto, unidos con todos los sectores sociales y económicos, en un mismo modelo de participación.
El conjugar un sistema basado en una economía circular posicionará a México como uno de los países pioneros en adoptar este sistema, abonaría también en el cumplimiento de los compromisos internacionales, como los establecidos en el Acuerdo de París y los objetivos asumidos en la Agenda 2030.
Debemos erradicar aquellos modelos regresivos y transitar al futuro con directrices claras, robustas y sustentables, porque, como dijo el novelista francés Victor Hugo (1862): “Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha. Primero fue necesario civilizar al hombre en su relación con el hombre. Ahora es necesario civilizar al hombre en su relación con la naturaleza y los animales”.
