Una respuesta contundente a la caravana migrante
Por Maximiliano Reyes Zúñiga El fin de semana pasado, más de tres mil personas salieron de Honduras y atravesaron Guatemala para dirigirse a la frontera con México en donde, al igual que en otras ocasiones, amagaban con entrar por la fuerza con el fin de llegar a ...
Por Maximiliano Reyes Zúñiga
El fin de semana pasado, más de tres mil personas salieron de Honduras y atravesaron Guatemala para dirigirse a la frontera con México en donde, al igual que en otras ocasiones, amagaban con entrar por la fuerza con el fin de llegar a Estados Unidos. La caravana fue disuelta y no alcanzó la frontera con México. Miles de migrantes hondureños habían aceptado su repatriación voluntaria desde Guatemala; menos de 100 migrantes se observaban cercanos a los puntos fronterizos en Tapachula y El Ceibo.
Quisiera escribir sobre lo que motivó el desistimiento de esta caravana, así como sobre la única respuesta que un país en la situación de México podría ofrecer en el marco de covid-19 y su impacto en la gestión migratoria. En primera instancia, la disolución de la caravana se logró gracias a las gestiones de la Cancillería mexicana con su par guatemalteca en favor de acciones concertadas previstas en la ley de migración de ese país. Fue así como, con el liderazgo y la determinación del presidente Alejandro Giammattei, se alcanzó una respuesta coordinada, contundente y eficaz. Asimismo, este tipo de decisiones son medulares para la preservación de la vida bajo el llamado de “permanecer en casa”, no sólo por la pandemia, sino además por el fenómeno meteorológico que azotó el sur de México y que ocasionó fuertes lluvias y deslaves.
La muestra de esta coordinación fue el recorrido conjunto en la frontera sur, en la que participó el embajador guatemalteco Mario Adolfo Búcaro, en conjunto con funcionarios de la SRE, Guardia Nacional, Instituto Nacional de Migración, los gobiernos de Chiapas y Tabasco, autoridades sanitarias y las comisiones nacional y estatales de Derechos Humanos. De esta manera, México y Guatemala mostraron una postura en común, bajo el principio de corresponsabilidad, con el fin de favorecer la migración segura, ordenada y regular.
El otro factor decisivo fue el operativo que montó el INM y la GN a lo largo de la frontera, acompañado de un cerco sanitario adicional por personal de salud federal, estatal y del IMSS. No se puede soslayar la importancia de mantener controles fronterizos, obligación del Estado mexicano para procurar el imperio de la ley. De modo que este despliegue no sólo representó un perímetro bien coordinado, sino que, además, a la vez tuvo un poderoso efecto disuasivo. México ha sido coherente y consistente en la aplicación de su política migratoria, al sostener que la migración debe ser una opción, no una necesidad, pero sí segura, ordenada y regular, además de tener un rostro humano. Esta postura se ha consolidado en los últimos años y cobra aún más fuerza al situarnos en el contexto actual de la pandemia de covid-19, misma que aumenta exponencialmente los riesgos tanto de los integrantes de la caravana, como de todas las personas y autoridades con la que tiene contacto en su trayecto. De ahí la importancia del cerco sanitario establecido.
Finalmente, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha procurado un enfoque que corrija las causas estructurales de la migración y no sólo que atienda sus síntomas, con la búsqueda de proyectos de desarrollo que garanticen a las personas migrantes una vida digna en sus lugares de origen. En ese sentido, la Cancillería, mediante la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, lleva a cabo el Plan de Desarrollo Integral con programas de cooperación para promover el bienestar regional y evitar la migración forzada.
Como nota al pie, en diversas visitas in situ a la frontera he tratado con madres y padres migrantes. Comprendo su situación, pero también es un deber decirles que no los expongan ante todo tipo de inclemencias en el camino y menos en el contexto de una pandemia que aún no cede. Sabemos que conseguir el nivel óptimo de desarrollo local es una travesía en sí misma que durará más de lo que se hace en caminar 3 mil kilómetros, pero vale la pena y por eso México y nuestros socios regionales trabajamos en ello.
