Una hazaña mexicana olvidada en el Mundial de Chile 62

Por Ginés Sánchez* Para el campeonato mundial de futbol celebrado en Chile en 1962 se había dado un salto importante respecto a todos los anteriores, en cuanto a calidad, infraestructura, organización y preparación. A la delegación nacional la encabezaba ya aquel ...

Por Ginés Sánchez*

Para el campeonato mundial de futbol celebrado en Chile en 1962 se había dado un salto importante respecto a todos los anteriores, en cuanto a calidad, infraestructura, organización y preparación. A la delegación nacional la encabezaba ya aquel hombre que se encargó de que en México se celebraran tal vez las dos mejores copas del mundo de toda la historia: México 1970 y 1986, don Guillermo Cañedo de la Bárcena. Jugadores emblemáticos como Jesús Del Muro, Raúl Cárdenas, Alfredo Del Águila y Mario Velarde, entre otros, dirigidos por el icono viviente don Ignacio Trelles.

Ese mundial fue el primero donde México y su Selección Nacional compitieron de verdad, de tú a tú, por ejemplo con el mismísimo Brasil de Pelé, entonces campeón del mundo de la justa anterior, en Suecia 1958, y que a la postre se volvería a alzar con el título en ese 1962; se perdió de forma injusta y dramática en los últimos segundos con España, uno a cero, y se ganó el primer partido en un mundial, esto fue a Checoslovaquia, subcampeón del mundo, poco después, en ese mismo torneo, por marcador de tres goles a uno, todo lo anterior en la sede de la ciudad de Viña del Mar. Afición y prensa nacional e internacional por primera vez llenaba de elogios a un combinado nacional en un evento de esa envergadura, a pesar de no haber podido calificar a la siguiente ronda.

Pero hay un héroe que hoy nos resulta a todos desconocido, su nombre perdido en algunas revistas y periódicos de la época y en la mente de los integrantes de aquel memorable grupo, el es Francisco Chico Larios, el cual trabajaba como utilero, pero no el utilero oficial, sino una especie de ayudante sin sueldo, que desempeñaba esos menesteres en su tiempo libre y por puro amor al deporte y a la camiseta nacional mexicana, y que después sí fungió como el titular y reconocido por la Federación Mexicana de Futbol en ese mismo oficio. Así pues, un grupo de los jugadores ya seleccionados en la lista final empezaron unas dos semanas antes a meterle en la cabeza, a manera de una broma un tanto de humor negro, que los federativos lo llevarían al mundial de Chile como utilero. Larios no podía creerlo, pero todo el grupo mantuvo sin desmentir dicha especie. Entonces empezó con prisa e ilusión a realizar todos los trámites correspondientes, pasaporte, visa y demás; Larios estaba listo, pero todos sabían, hasta el final, que no iba, excepto él. Al enterarse, enorme fue su desilusión, proporcional al cargo de conciencia de los bromistas responsables de tan triste escena, ya que Larios era un buen hombre, humilde en su trato y de buen corazón, y estimado por todos. Los jugadores mismos trataron de remediar semejante tristeza haciendo una “cooperacha”, quedándose cortos en la cantidad recabada y Larios en México.

Ya durante el viaje, Chico Larios fue el tema principal de conversación, que si Larios iba ya en Tlalpan, que si ya por Cuernavaca, que por Taxco, que si cruzando Centroamérica. Más de tres días después de estar ya la Selección en su hotel de concentración, llegó una noticia hasta el comedor: Larios se encontraba nada menos que en Viña del Mar, afuera del mismo hotel y no le era posible entrar. Todos rieron de buena gana ante lo que suponían una continuación del chiste de moda, pero cuál ha sido la sorpresa que al terminar de comer y salir, el grupo se encontró ni más ni menos que con el gran e invencible Chico Larios en la puerta del restaurante, haciendo señas y esperando fielmente a su amada selección. Así que lo que empezó como una broma de mal gusto terminó de forma feliz para todos. Con muchos esfuerzos y entre sus familiares y amigos, había logrado reunir la cantidad necesaria para el enganche del viaje, y que después iría pagando a mensualidades. Su tesón y amor al futbol lo habían llevado ni más ni menos que a la Copa del Mundo, ahí estaba él ya. Con una alegría indescriptible los jugadores lograron conseguirle un modesto alojamiento, y la Selección mexicana estuvo más que lista para entrar en acción.

                                                                          

*Analista

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