Son los cárteles estúpidos
Por Francisco Javier Jiménez Galván Los indicadores de inseguridad pública de nuestro país no disminuyen, al contrario, crecen día con día. Esto ha venido sucediendo los últimos cuatro sexenios y ello a pesar de que el electorado ha castigado con su voto al PRI y ...
Por Francisco Javier Jiménez Galván
Los indicadores de inseguridad pública de nuestro país no disminuyen, al contrario, crecen día con día. Esto ha venido sucediendo los últimos cuatro sexenios y ello a pesar de que el electorado ha castigado con su voto al PRI y al PAN por entregar resultados tan malos de sus gobiernos en varios temas, pero sin duda el más relevante es el de la violencia e inseguridad que vivimos los mexicanos.
El dato que mayor atención genera entre los gobernantes y la comentocracia del país es el referente al número de muertes violentas en México. Cifra que tiene un crecimiento exponencial desde el 2006 hasta la fecha. En el primer trimestre del año 2007, el número de asesinatos durante el gobierno de Felipe Calderón fue de 5334; en el mismo trimestre, pero de 2013, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto se cometieron 7750 asesinatos y estos números crecieron hasta 8493 en el primer trimestre del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Esta cifra fue la que discutieron públicamente el periodista Jorge Ramos y el presidente Andrés Manuel López Obrador en la tan comentada mañanera, y es la que siguen discutiendo públicamente los medios y el gobierno federal ahora que salieron los números del comportamiento que tuvo la inseguridad en el país. Muchos son los ángulos desde los cuales se ha abordado la discusión de este tema.
Sobresale la propuesta de varios especialistas cuando le aconsejan al presidente Andrés Manuel López Obrador que cambie de “métricas” y que abandone la idea de centrar toda la discusión de éxito o fracaso alrededor del número de asesinatos. Las razones para asesorarlo de esa forma son varias.
No va a disminuir el número de muertes violentas en el corto plazo, lo más seguro es que se incrementen. Genera la imagen de que nuestro país es de los más violentos del mundo, por encima incluso de países que están en guerra, como Siria y Afganistán. Cosa totalmente falsa. Incluso incorporan en sus propuestas indicadores del número de muertes violentas por cada cien mil habitantes y en América Latina existen varios países con mayores índices de violencia, dado que México ocupa el séptimo lugar.
Sin embargo, a pesar de los consejos que la opinocracia le proporciona gratis al presidente López Obrador, la realidad se impone en forma cíclica y de vez en vez, se aparece un acto de asesinatos masivos que vuelve a plantear el problema central de nuestro país: el dominio que ejercen los cárteles de la droga en casi todo nuestro territorio. En el caso del último escándalo nacional por asesinatos colectivos está el ocurrido en Minatitlán, Veracruz, donde fueron acribilladas 15 personas que estaban reunidas en una fiesta familiar.
Al hacer abstracción de la descripción de los hechos, se puede enumerar un conjunto de indicadores que sitúan la problemática en su dimensión real: fueron realizados por comandos entrenados para matar y equipados con armas de alto calibre. Utilizaron el tiro de gracia en contra de varias de las víctimas, incluido un niño menor de un año. El conflicto se genera por el pleito de plazas de narcomenudeo.
Conclusión: en este caso como en muchos más, son los grupos de delincuencia organizada ligados al narcotráfico los principales generadores de la violencia más extrema como el caso de Minatitlán, pero también el que se genera todos los días en cientos de negocios por el tema de derecho de piso, que crece cada vez más, donde los secuestros están a la orden del día en varias zonas del país. Pero también el robo a casa habitación crece, lo mismo el robo de vehículos o asaltos y robos a transeúntes. Delitos que cuando se les analiza a fondo, sobre todo las causas que mueven su incremento, se llega a la misma conclusión: en el fondo su crecimiento se debe al avance que tiene el crimen organizado y en particular los cárteles de las drogas.
Sin el combate frontal del Estado mexicano hacia ellos, nunca terminarán ni los delitos de alto impacto ni los de bajo impacto. El hilo conductor que los une es el fortalecimiento que van logrando día a día los carteles de la droga.
