Ser madre en México: Los grandes pendientes
• A las madres se nos juzga por cada cosa que hacemos y no hacemos.
Por Catalina Monreal*
Se nos pide ser madres como si no tuviéramos que trabajar, y trabajar como si no tuviéramos que ser madres. Esa es la paradoja con la que las madres mexicanas nos enfrentamos. De acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se nos penaliza por ser madres con una menor participación en el mercado laboral de hasta el 5 por ciento, a comparación con las mujeres que no son madres.
Por supuesto que esto no aplica para los hombres que son padres. La decisión de ser padre no afecta negativamente la participación de los hombres en el mercado laboral, al contrario, según el mismo estudio, la paternidad se asocia con un incremento en la participación laboral. Un doble estándar que termina por incrementar la desigualdad entre mujeres y hombres, la feminización de la pobreza, y, en cierta forma, la violencia contra las mujeres.
Debemos recordar que la dependencia económica es una de las principales razones por las cuales las mujeres no abandonan relaciones violentas.
La maternidad en nuestro país está profundamente ligada al trabajo doméstico y de cuidados como consecuencia de estereotipos y roles de género nocivos. De acuerdo con el Inegi, las mujeres dedican al trabajo doméstico y de cuidados 47.9 horas semanales. ¿Los hombres?, 16 y media. De hecho, de acuerdo al propio Inegi, de esas casi 48 horas, la mitad del tiempo se pasa cuidando a integrantes del hogar. A pesar de esto el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) reporta, con base en datos del Inegi, que de los 51.9 millones de mujeres de 15 años o más, 72 por ciento son madres. El 58 por ciento de las madres que trabajan lo hacen desde la informalidad, en parte porque son discriminadas para acceder al empleo formal y en parte porque el empleo informal les da una mayor flexibilidad en cuanto a horarios. Un dato alarmante es que, en nuestro país, a mayor número de hijos e hijas, es más probable que se tenga un menor ingreso salarial. Por otra parte, es importante recalcar que, al contrario de otros países, en México, la edad promedio para tener al primer bebé sigue siendo bastante joven: de 21 años.
La participación laboral y la conciliación laboral-personal de las mujeres es sólo uno de los grandes pendientes que tenemos. Porque existe también necesidad de reconocer las maternidades que han sido invisibilizadas. Las mujeres que han tenido que luchar con problemas de fertilidad, que han perdido a sus bebés en plena gestación, que han adoptado, que no han tenido el derecho a decidir su maternidad, que se encuentran buscando a sus hijos e hijas, que se encuentran en reclusión con sus hijos e hijas. A las madres adolescentes. A las madres solteras. A las madres con hijas e hijos con discapacidad. A las madres que nos faltan por culpa de un feminicidio. A todas ellas quienes sienten que su maternidad no es reconocida por el público.
A pesar de que la maternidad se asocia como algo natural, que las mujeres sabemos hacer intuitivamente y que no es mayor problema, existen muchas situaciones de las que no se habla: la depresión posparto, los problemas relacionados con la lactancia. A las madres se nos juzga por cada cosa que hacemos y no hacemos. Tenemos que ir más allá de los lugares comunes para hablar de la maternidad. Sí, como madre puedo hablar de la enorme satisfacción y la dicha que ha sido ser madre. Igualmente, como madre debo alzar la voz sobre los grandes pendientes que existen sobre la maternidad en nuestro país.
Nos merecemos más que un sólo día de celebración. Que no quede duda: las madres somos los cimientos de México. Es hora de que nuestros derechos, nuestras aspiraciones y nuestras necesidades se consoliden en políticas públicas que liberen la carga de la maternidad.
