Receta para llevar a un ultraderechista al poder

PorVerónica Mondragón Vamos a cambiarlo todo o a destruirlo–. Cada vez más, surgen líderes en Occidente que muestran una oferta fuera del sistema.Éste es un esbozo de la ruta que siguen estos políticos outsiders, como Donald Trump, Javier Milei o Marine Le ...

Por Verónica Mondragón

Vamos a cambiarlo todo —o a destruirlo–. Cada vez más, surgen líderes en Occidente que muestran una oferta fuera del sistema.

Éste es un esbozo de la ruta que siguen estos políticos outsiders, como Donald Trump, Javier Milei o Marine Le Pen.

Minimiza al candidato. En el año 2000, Los Simpson retrataban a un futuro Estados Unidos hundido en una crisis económica, con Lisa como presidenta, sucesora de Donald Trump. Aunque hoy parece una predicción, hace 23 años la simple idea era una ironía, un buen chiste, no mucho más.

¿Por qué el magnate de la gala del MET llegaría a la Casa Blanca? ¿Quién votaría por alguien así, con tantos discursos de odio a los mexicanos, a las mujeres? En 2016, eran preguntas retóricas.

En uno de los primeros mea culpa de aquel noviembre del Make America Great Again, el periódico The Washington Post publicó que los mayores medios de EU perdieron el foco, creyeron que “por un acto de magia” Trump no ganaría, que no escucharon a las voces indignadas que le dieron el poder al magnate. El desdén se ha ido convirtiendo en una de las reacciones más comunes frente a un outsider.

Lleva a tu enemigo imaginario al siguiente nivel. Actualmente, abundan las campañas que prometen destruir al causante de todos los males de la sociedad. A veces, es algo genérico, como la corrupción; o puede ser algo específico, como los mexicanos o bad hombres, o los migrantes, según la derecha europea de Marine Le Pen en Francia y Viktor Orban en Hungría.

En su campaña frente a ese supuesto enemigo público, el presidente argentino, Javier Milei, llevó su discurso al siguiente nivel: el enemigo es el Estado, el sistema, los políticos.

La casta puede ser algo abstracto, como La Política, o algo con nombre y apellido como los Kirchner. “¿Sabes de qué se compone la casta? La casta son los políticos ladrones”, dijo el libertario en un debate presidencial.

Mientras sus antecesores ofrecían un cambio sin renunciar al aparato del Estado, Milei parte de erradicar al gobierno, los programas sociales, los sindicalistas, una estructura de medios: prácticamente la destrucción de todo.

Neutraliza las etiquetas. Con 15 años, la actual presidenta de Italia, Giorgia Meloni, se unió al grupo juvenil del antiguo Movimiento Social Italiano, partido neofascista fundado por seguidores del fallecido dictador Benito Mussolini. Meloni defiende la familia tradicional, se opone a la ideología LGBTQ+ y defiende el control de las fronteras. El año pasado condenó el nazismo, pero también el comunismo.

Pese a la franqueza de su inclinación política, Meloni suele ser etiquetada con el adjetivo de “conservadora”, llevándola —al menos en el discurso público— hacia el centro y sacándola de la extrema derecha (conservadores, como lo era el Tea Party de EU y los grupos de derecha dura que siguen a Trump).

En la misma línea, en su campaña de 2022, la excandidata de Agrupación Nacional, Marine Le Pen (antes Frente Nacional), optó por una campaña en las calles, con menos acento en sus políticas de mano dura, como el nacionalismo o la criminalización de los migrantes, con el objetivo de desdemonizar la imagen de la derecha dura de su país.

Ambas líderes de la Europa Occidental desde hace décadas coinciden en sacudirse de etiquetas que suenen radicales y moverse hacia “el extremo centro”.

Anota una pequeña victoria. En 2018, el partido español Vox ganó sólo 12 escaños en el Parlamento de Andalucía, en unas elecciones que podrían ser irrelevantes, pero fue la primera vez que una agrupación derechista ingresó a un Congreso local. En 2016, Trump ganó en Washington, luego en Florida, cada jornada de elecciones primarias era una pequeña victoria. Cada triunfo menor es un foco rojo frente a un líder radical.

Una catastrófica crisis mundial. Covid-19 puso en aprietos a todas las organizaciones del mundo. Naciones, como Estados Unidos, Brasil, Chile o Colombia, que votaron en plena pandemia, optaron por la alternancia: eligieron a partidos políticos distintos.

Tal fue el caso de Argentina, que puso fin al gobierno de Alberto Fernández, elegido en 2019. Ahí, se suma el escenario de protestas antivacunas y antisistema que, lejos de fomentar una conspiración, favorecieron las posturas más extremas contra el Estado.

En esos días, los ciudadanos exigían libertades, la semilla de la campaña de Javier Milei.

Bonus. Un cabello icónico. Así como Donald Trump y Boris Johnson, Javier Milei se sumó a la fila de políticos que tienen un peinado único, el que sus seguidores convirtieron en casi un logo. No es casualidad que, también en Los Simpson, en un video de 2015, cuando Homero avanza detrás del republicano en una escalera eléctrica, dice para sí mismo: ¿si lo toco, se me curará la calvicie?

Hoy, Argentina tiene un presidente que prometió una transformación.

Al igual que él, los líderes sustituyeron las ideologías por el hartazgo popular y capitalizaron el descontento.

Quedan cuatro años para ver si sus promesas se convierten en una revolución anarcocapitalista o simplemente fueron un salto al vacío.

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