La crisis de la infodemia

Hasta hace 20 años, la fuente primaria de información eran los medios de comunicación tradicionales (radio, prensa escrita y televisión), los cuales la transmitían al público basándose en su ética, investigación y credibilidad periodística.

Por Carlos Kenny Espinosa Dondé

La Organización Mundial de la Salud define la infodemia como el exceso de información, ya sea exacta, inexacta o falsa, lo que dificulta el encontrar fuentes confiables y fidedignas de información para guiar a la población en el proceder adecuado durante una crisis.

Hasta hace 20 años, la fuente primaria de información eran los medios de comunicación tradicionales (radio, prensa escrita y televisión), los cuales la transmitían al público basándose en su ética, investigación y credibilidad periodística, valores que siguen siendo la piedra angular de cualquier medio informativo respetable. Con la llegada de las redes sociales, la dinámica en la generación de información cambió radicalmente, inundando a sus usuarios de conocimientos, pero también de misinformation y disinformation.

La misinformation (palabra en inglés que denota la desinformación) es información inexacta o incompleta, generalmente producida por individuos u organizaciones sin rigor para confirmar las fuentes y veracidad de la misma, cuya intención no es la de ocasionar daños, aunque es muy peligrosa si se llega a considerar como válida en un proceso de toma de decisiones.

La disinformation (palabra en inglés que denota mala información) es una táctica hostil para diseminar información falsa por parte de un medio, persona, organización o gobierno, para desestabilizar, manipular, atacar y desacreditar organizaciones, gobiernos e individuos. Este concepto existe desde tiempos ancestrales: lo podemos encontrar en El arte de la Guerra, de Sun Tzu, en El Príncipe, de Maquiavelo, dentro de la propaganda oficial de los involucrados en las guerras mundiales, incluida en los adoctrinamientos comunistas y como estrategia de las agencias de espionaje mundiales.

La popularidad de las redes sociales ha hecho que cada usuario se convierta en un potencial generador de información y opinión, creando así la tormenta perfecta informativa. Facebook, WhatsApp, Twitter, Instagram y demás redes sociales carecen por completo de filtros y comprobación de hechos que, en teoría, utilizan los medios tradicionales para verificar la información que distribuyen. La misinformation y disinformation fácilmente se pueden volver virales. Los algoritmos de las redes favorecen publicaciones recientes, incrementando la exposición por parte del usuario a teorías de conspiración, seudociencias, curas milagrosas y noticias falsas. Los influencers, políticos, el familiar insistente o el conocido con “información de buena fuente” pueden silenciar u opacar la opinión de los verdaderos expertos. Estos algoritmos también crean “burbujas” de usuarios con opiniones similares, disminuyendo el acceso a ideologías diferentes, lo que crea la sensación de que son muchas las personas que tienen la misma opinión, utilizando estas tendencias para insertar publicidad específica a los demográficos de esa “burbuja”.

De acuerdo a Mariette DiChristina, decana de la Escuela de Comunicación de Boston University, las tendencias cognitivas innatas predisponen a pensamientos erróneos al consumir información de los medios y redes sociales, por ejemplo:

Favorecemos información que confirma nuestras creencias y descartamos el resto (sesgo de información).

Lo que pensamos de una persona o fuente afecta la percepción de la información que proveen (efecto de halo).

Confiamos en exceso en la primera pieza informativa a la que tenemos acceso (efecto de anclaje).

Creemos que somos menos propensos que otros a sufrir consecuencias adversas (sesgo de optimismo).

Umberto Eco, semiólogo y escritor italiano, pocos meses antes de su muerte afirmó: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de imbéciles que primero hablaban en el bar, después de una copa de vino, sin dañar a la comunidad, y eran silenciados rápidamente. Ahora tienen el mismo derecho de hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles” (La Stampa, 2015).

¿Cuál es la misión de medios y usuarios responsables? Ser guardianes de la información veraz y rigurosos para mantener sus estándares de cobertura informativa, confirmar sus fuentes, dar oportunidad a la réplica junto a la opinión de expertos y actores creíbles. Enfocarse en informar, no dramatizar. No repetir mentiras, ni dar tiempo excesivo a conspiracionistas. Ser escéptico por naturaleza y confirmar la información antes de compartirla citando las fuentes y los expertos comprobados del tema. Si tienes el tiempo de reenviarlo, tienes el tiempo de comprobarlo.

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