La asignatura pendiente
Azul Etcheverry* Se está cumpliendo un año desde que las clases presenciales en México se suspendieran como consecuencia del covid19, afectando a más de 36 millones de estudiantes en todos los niveles educativos. En tanto que se comienzan a reestablecer las ...
Azul Etcheverry*
Se está cumpliendo un año desde que las clases presenciales en México se suspendieran como consecuencia del covid-19, afectando a más de 36 millones de estudiantes en todos los niveles educativos. En tanto que se comienzan a reestablecer las actividades laborales y económicas no esenciales, las escuelas en México aún no tienen fecha definida de reapertura, aunque el presidente Andrés Manuel López Obrador anticipó que podría ser antes de finalizar el presente ciclo escolar.
Esto ha generado diversos planteamientos, no sólo en México, sobre la reapertura de actividades de acuerdo con el curso natural de la pandemia y la oportunidad que la reducción del número de contagios permite para que los alumnos regresen, cuando otros espacios como cines, restaurantes y centros comerciales ya están funcionando. En ese sentido, debemos tomar en cuenta las implicaciones que el regreso masivo de los estudiantes tendrá en la movilidad social y el eventual impacto que representaría para una inmensa mayoría de la población que aún no cuenta con una vacuna.
En este punto valdría la pena distinguir que el regreso a clases se ha decretado a partir del semáforo epidemiológico en todo el país por lo que, en teoría, entidades con menos índice de contagios podrían regresar antes que las urbes, con mayor concentración poblacional. Tal es el caso de Campeche, donde autoridades locales y federales analizan ya los mejores protocolos a seguir para reanudar las clases.
También hay que priorizar el rol central que juegan los padres en este esfuerzo, ya que son ellos, junto con los profesores, los que formularán las consideraciones pertinentes, de acuerdo con el contexto específico de cada municipio y estado, sin considerar los ingresos familiares que se han visto seriamente afectados por la crisis sanitaria.
De acuerdo con el Inegi, 9 millones de niños y jóvenes abandonaron sus estudios, únicamente como consecuencia de la pandemia, que afecta la economía familiar, así como por la falta de condiciones para desarrollar planes educativos con estrategias no presenciales.
Sin embargo, este dato contraviene lo anunciado por la Secretaría de Educación Pública, que presume que 9 de cada 10 alumnos del sistema educativo nacional adquirieron nuevos conocimientos con el modelo Aprende en Casa, y que 8 de cada 10 reciben acompañamiento docente en todos los niveles de enseñanza, de acuerdo con la encuesta nacional aplicada por esa institución a más de 4 millones de actores educativos.
Por otra parte, la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación insiste en que los esfuerzos son insuficientes en algunos rubros y que se requieren cambios orientados a fortalecer las capacidades del sistema educativo. Esto se vuelve más notorio si tomamos en cuenta la brecha en la desigualdad educativa, de por sí existente antes de la pandemia, de las ciudades con respecto a las áreas rurales.
Estamos ante una situación sumamente compleja, si verdaderamente se busca generar un debate sobre un regreso seguro a las aulas, debemos corregir serios problemas fundamentales, como el de las más de 46 mil escuelas que no tienen agua en el país. Se trata del 23% del total nacional, para concebirlo más como un derecho que como una condición sanitaria inalienable para el combate al covid-19.
Estamos ante una de las asignaturas pendientes más importantes del país. Es el reflejo del descuido de la educación mexicana en todos los niveles y el penoso botín político en el que se ha convertido el futuro de las nuevas generaciones, pandemia o no.
* Analista
