Cuando llega el miedo

De manera trágica en el panorama actual, México está viviendo episodios de horror.Las cosas que suceden son cada vez más espeluznantes: aumenta la capacidad de violenciay de crueldad. A sangre fría se cometen crímenes, asesinatos sin que el ejecutor parecieracursar ninguna emoción, como si fuera un negocio.

Por Ingela Camba Ludlow

El miedo es una emoción que no se presenta sola, abarca una amplia gama de inquietudes. Para todos es una vieja conocida. El miedo es una de las emociones básicas y su origen está relacionado con el instinto de supervivencia. 

Está presente desde las etapas más tempranas de la vida; por ejemplo, el miedo del bebé a ser abandonado, a pasar hambre o frío, a no ser levantado de la cuna y cargado por unos brazos amorosos. Con el transcurso de los años se complejiza y puede aparecer alguna fobia, que es un síntoma, un miedo profundo enfocado en un objeto; es decir, se le tiene miedo a algo en particular. 

 Si bien la sensación de tener miedo no es agradable, atravesar con miedo algunas situaciones no es bueno ni malo, es una condición de la mente que atraviesa el cuerpo. Se convierte en un problema cuando se vuelve una limitante. Esto puede suceder, sobre todo, de dos formas, o mantiene a la mente demasiado alerta ante el peligro y, por lo tanto, se reduce otro tipo de operaciones mentales como la concentración para trabajar, estudiar o realizar otras tareas; o paraliza por completo, porque la persona se encuentra en un estado cercano al horror. 

En 2017, la UNAM realizó un estudio acerca de las fobias, el cual arrojó que 9% de la población padece de alguna fobia; este dato subraya que no podemos negar que se trata de un problema importante. La fobia está relacionada con conflictos internos de la mente, no con un peligro real. En 1870, la psiquiatría nombró una neurosis cuyo síntoma central es el terror continuo e inexplicable de la persona ante un objeto que puede ser un ser vivo o algo inanimado o una situación que, por sí misma, no presenta ningún peligro real, aunque la sensación de terror sí es real. 

Las fobias son el síntoma principal de una estructura que Freud, en su momento, llamó “Histeria de Angustia”. De los cinco casos clínicos que escribe Freud (de manera más profunda), tres de ellos tienen que ver con las fobias: el caso Hans, un niño que tiene fobia a los caballos; el del hombre de los lobos y el del hombre de las ratas. Todos los que padecen una fobia pueden entender esta casi parálisis por terror. Es algo que paraliza al cuerpo y resulta imposible controlar ni entrever dónde se encuentra para poder defenderse de él. Es paralizante incluso desde el origen mismo de la palabra. Para los griegos, Fobos era el horror y el temor en persona. Un dato curioso: era hijo de Afrodita, diosa del amor, y de Ares, dios de la guerra; una peculiar combinación del amor y la guerra. Y aunque limitan aspectos de la vida, lo que sucede es que nos acostumbramos a ellas; poco a poco nos vamos adecuando, adaptando estrategias, como a evitar encontrarnos con los objetos de la fobia. 

 Entre las fobias más comunes están: las cucarachas, arañas y serpientes, entre muchas. 

 Esta pequeña introducción a las fobias es necesaria para poder abordar los estados que van más allá del miedo, para poder recordar esos momentos en particular del horror, palabra que deriva del verbo en latín horrere, que significa “ponerse los pelos en punta”, emulando la sensación y efecto en los animales cuando y en momentos de peligro se les eriza la piel. Así, el horror es causado por cosas horribles, inimaginables. 

 De manera trágica en el panorama actual, México está viviendo episodios de horror. Las cosas que suceden son cada vez más espeluznantes: aumenta la capacidad de violencia y de crueldad. A sangre fría se cometen crímenes, asesinatos sin que el ejecutor pareciera cursar ninguna emoción, como si fuera un negocio. Como si la sangre justamente se hubiera enfriado, se hubiese perdido la característica principal del ser vivo. Son estatuas animadas desprovistas de las emociones básicas como el miedo, la compasión, la angustia o la ternura. Los perpetradores parecen no sentir culpa ante los actos que cometen. 

Las mujeres desaparecidas, los jesuitas asesinados, el Ejército perseguido, el aumento de los robos, los asesinatos masivos en los entierros, los videos de matanzas, los políticos asesinados, ante la indiferencia del gobierno, mantienen a la población en un estado de horror constante. Pero no es, como en las fobias, un conflicto interno de la mente, sino que están en un mundo exterior que sí es peligroso. En el deseo de pensar que nada de esto está pasando, que el país no se ha convertido en un charco de sangre desierto de paz, se opta por la negación, como un mecanismo que busca cuidar a la mente de lo que le parece demasiado y que no lo puede asimilar. 

Sin embargo, no es un miedo interno, es la realidad. Y se requiere de la participación ciudadana para cambiar las cosas por la vía de las instituciones. Se requiere salir a votar castigando una mala administración. A pesar del miedo, que muchas veces esté disfrazado de apatía. Para que el miedo no se convierta en un horror permanente. 

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