Graffiti vandálico
Si bien es cierto que en la mayor parte del mundo se han vinculado a la resistencia política, también se les asocia con grupos delictivos
Por Daniel Aceves Villagrán*
El graffiti tiene sus orígenes en la palabra griega graphein, que significa escribir, aunque procede del italiano graffiare que significa garabatear, término empleado generalmente para describir diferentes tipos de escritura mural, conceptualizaciones que se encuentran en permanente transformación y que generan un debate y una revisión para comprender si es un elemento que surge de disciplinas diversas como la escultura, gravado, literatura o pintura, entre otras.
Lo importante es que se consigue transmitir emociones e ideas que en la mayoría de los casos enfrentan quienes realizan las pintas y de quienes observamos una clara vandalización de propiedades públicas y privadas, que generan en el equipamiento urbano un alto nivel de deterioro, si bien es cierto que hay antecedentes de que en la mayor parte de los países del mundo, éstos han sido vinculados a la resistencia política, como en los años 60 en los Estados Unidos, también han sido vinculados a pandillas y grupos delincuenciales que utilizan los graffitis para marcar sus territorios.
La historia más reciente apunta a quien inició esta tendencia en los años 70, en Nueva York, un mensajero empezó escribiendo su nombre en los vagones, paredes y en todo el mobiliario haciendo referencia a la calle donde vivía y a su nombre “taki 183” quien alcanzó notoriedad por un reportaje de The New York Times.
Con base en las acciones de gobierno, en la Ciudad de México se tiene un estimado de 8 mil grafiteros , grupo integrado por estudiantes de entre 11 y 17 años que gustan, en horarios nocturnos, de presentar comportamientos vandálicos y delictivos, por lo que la magnitud del daño hoy alcanza a 7 de cada 10 edificios, no importando si son “tags”(firmas), “bubble letters” (letras redondas), “throw ups”(grandes letras rellenas), “block letters”( letras grandes y legibles a distancia) o “characters” (letras acompañadas de personajes), por mencionar algunos.
Lo anterior llevó a la creación de la Unidad Graffiti, que tiene como objetivo apoyar el desarrollo de expresiones culturales y artísticas evitando las prácticas del tipo ilegal, gestionando espacios para pintas legales. Hay que recordar que uno de los pilares para la construcción de grupos humanos sólidos es aplicación y respeto de las normas, que en este caso tienen su sustento en la Ley de Cultura Cívica, que establece al “graffiti” entre las infracciones contra el entorno urbano y sanciona con multas que van de 830 a mil 500 pesos o arresto de 13 a 36 horas.
El dejar de abrumar e intervenir los espacios públicos sin sentido, constituye el camino para que conviva y cambie el objetivo y la estética del graffiti, pasando a ser una manifestación que aporte y no destruya el espacio público.
Una de las políticas públicas de seguridad, como la denominada “tolerancia cero” ,que se identificó con la teoría de los “cristales rotos” va ligada a la innecesaria tolerancia de los graffitis que, como a los tatuajes, se les vinculan con la inseguridad , delincuencia y falta de un entorno saludable y de cohesión social. No es un asunto meramente estético, es un tema que implica la necesaria tervención de la sociedad y de los tres niveles de gobierno con acciones jurídicas y de prevención del delito mucho más integrales.
*Analista
