La misión de la universidad
¿Cuál es la diferencia entre transmitir una cultura jurídica y educar para ejercer una profesión jurídica? ¿En qué se debe enfocar la Facultad de Derecho?
Cultura es lo que salva del naufragio vital, lo que permite al hombre vivir sin que su vida sea tragedia sin sentido o radical envilecimiento. José Ortega y Gasset, Misión de la Universidad
Inició, como siempre, provocándonos; obligándonos a la reflexión. ¿Seguirá existiendo el derecho como sistema de control social o acaso el control social —debido al desarrollo tecnológico— dejará de hacerse por medios jurídicos?, preguntó Manuel Atienza. Juan Jesús Garza Onofre y yo tuvimos el placer de conversar con nuestro maestro. Nos recordó que Richard Susskind a través de sus obras (Tribunales online y la justicia del futuro, así como El abogado del mañana) considera que el impacto tecnológico y las consecuentes transformaciones que ya están ocurriendo en la vida real, y no se están tomando en cuenta en ninguna Facultad de Derecho. ¿Hacia dónde va el derecho? ¿Puede hacer frente su enseñanza a las profesiones jurídicas de los tiempos venideros?
Atienza reflexionó sobre la amenaza que sufre el aspecto civilizatorio del derecho; bajo la misma intimidación en que también se encuentra el Estado de derecho como una conquista civilizatoria, al igual que los derechos humanos o la figura de la argumentación, entre otras grandes ideas que deberíamos conservar. Una democracia deliberativa exige una ciudadanía capaz de argumentar y ésta debería ser la materia prima de la educación jurídica del futuro. Cambios muy profundos en la manera de entender la enseñanza, pero al mismo tiempo, nada novedosos. Ya lo descubrió, desde la Antigua Grecia, el método socrático.
Introduciendo al encuentro la palabra “platicar”, que Atienza asume con total naturalidad como mexicano, discurrió la conversación. Garza Onofre cuestionó el futuro de la universidad y su rol social. Atienza reconoció la crisis profunda que estamos viviendo, incluso de “despiste monumental” y falta de orientación, ante el temor de que las universidades tampoco estén atendiendo como se debe, a orientar a la gente, por ejemplo, transportando el monólogo de las clases presenciales al monólogo de las plataformas de zoom. Atienza nos confiesa que el rumbo de las universidades también es incierto. Recordó a José Ortega y Gasset, quien en 1930, a través de su obra Misión de la Universidad, reflexionó sobre las tres funciones principales de la misma: la primera, educativa, es decir, transmisión de la cultura; la segunda, preparación para la enseñanza de las profesiones y la tercera, la investigación científica.
La conversación me llevó a reflexionar sobre la importancia de que los alumnos y alumnas cuestionen. Cuestionen sus principios y valores. Los contenidos jurídicos normativos, en especial las leyes, las aprendemos y podemos olvidarlas con facilidad. No hace falta memorizarlas, sino comprenderlas. Yo tuve un buen promedio en la facultad memorizando muchos contenidos que hoy no recuerdo, no me sirven. Cuando entré al Instituto de Investigaciones Jurídicas viví el abismo entre la teoría y la práctica del derecho. Atienza me llevó hace algunos años ya, a cuestionar; a reflexionar sobre el derecho como una práctica social. Y sigo cuestionándome, y vuelvo a hacerlo aquí. ¿Cuáles son los ejes rectores de la actuación de los juristas? ¿La Facultad de Derecho de la UNAM está dando las herramientas necesarias para provocarnos reflexión? Es un privilegio estudiar en la máxima casa de estudios del país, pero también una gran responsabilidad.
¿Cuál es la diferencia entre transmitir una cultura jurídica y educar para ejercer una profesión jurídica? ¿En qué se debe enfocar la Facultad de Derecho? Atienza respondió que el enfoque de la universidad debe abarcar dos facetas. En primer lugar, un estudio básico de cultura jurídica, pero que implica una apertura a toda la cultura contemporánea, es decir, abarcando diversas ramas del saber. En una segunda etapa, debería enseñarse como tal, la profesión. Lo que es incomprensible, concluyó, es que no se enseñe el derecho de una forma interesante. Concuerdo. ¡Las clases de derecho no deberían ser tan aburridas!
Alrededor de dos horas de plática que se pasaron como un instante, fueron tejiendo una deliciosa conversación que cumplió su objetivo: generar dudas y reflexionar sobre nuestras ideas. Quedamos antojados para un próximo encuentro donde seguir cuestionando sobre la cultura, el Derecho y la vida, pues como Ortega y Gasset lo advirtió: “Vivir es, de cierto, tratar con el mundo, dirigirse a él, actuar en él, ocuparse de él”.
*Ministra de la SCJN.
