Turismo cultural
Esta feria es como pasear por la Alameda, es como jugar a que se vive en un anhelado primer mundo creado en las fantasías de las clases pudientes en las que el glamour y la “gente como uno” rigen.
Año con año Zona Maco, antes en abril, ahora desde hace un par de años en febrero, se convierte en un punto turístico para los habitantes del DF, quienes por cuatro días se transforman en aspirantes a coleccionistas, los menos, y los más en aspirantes a amantes del arte, pero sobre todo esta feria de arte contemporáneo internacional se posiciona como el place to be para ser cool, ser hipster, para estar a la moda y cumplir con la fantasía de ser un entendido del arte contemporáneo, claro, se trata de una simulación, tal como lo hacen las mujeres y hombres que visten marcas de lujo piratas sólo por —ilusoriamente— pertenecer en su soledad a una colectividad que “puede” adquirir uno de esos objetos y que les da una “identidad”. Lo más curioso es que la mayoría sabe que es falsa, pero aun así los integra a un grupo que lo que los une es su afán por mentir y su necesidad por creer estas mentiras. Los une lo fake y esta certeza les cumple su fantasía. Al fin y al cabo se trata de simular y de consumir. Así pasa en Zona Maco. A nadie le importa el arte, sino el hecho de estar ahí, de ser visto, de pasear en el mall. Así Maco se convierte en la plaza, esa de la que habla Barthes. Y también en la plaza del pueblo, donde las mujeres visten para ser vistas y los hombres también. Unos pasean en la Alameda, otros en los centros comerciales y otros en Zona Maco. Y al igual que en un paseo por Antara o el Centro Comercial Santa Fe, muchos van porque serán vistos y también porque por lo que dura el recorrido sueñan a que se compran lo que los demás desean, y los que sí compran, adquieren lo que los demás desean. Así nadie consume lo que le gusta, sino lo que supone que otro envidiaría o desea tener. Nadie se arriesga a comprar en primera persona, sino en nombre del otro. Lo mismo sucede con la ropa.
Visitar Zona Maco se ha transformado con el paso de los años, ha cambiado el público, y la razón simple: la ubicación. En su primera sede se podía llegar a pie, en transporte público, en bici, en auto… era más que un paseo, una oportunidad para conocer y para descubrir, pero claro, el arte nunca ha sido para todos y había que dejarlo más claro, así que la feria se mudó a un sitio con una accesibilidad limitada y más cerca de los posibles compradores. El cliente es primero, claro. Y como ellos son primero, lo importante es que se sientan cómodos, que se sientan vistos, que vean lo que se supone que quieren ver: lujo, marcas, “gente como uno”, y esos objetos deseables no por uno, sino por el vecino. Hay que asegurarse de tener lo que el otro desea, si no qué chiste. ¿El resultado? Nadie se arriesga, ¿para qué? Es más seguro envidiar que proponer, como en la ropa: hay que copiar la moda, eso de ser original te excluye más que integrarte al grupo de poder. Ser iguales es el fin, pero no en igualdad de circunstancias y con enfoques democráticos: ser iguales en el consumo y en las pertenencias. De ahí que en México se consuma tanto autos y relojes de lujo. Aquí hay dinero, y mucho, ya sea en efectivo o a crédito, ya sea real o aspiracional. Y esta circunstancia es sabida por Zona Maco, donde la feria que primero fuera propuesta, luego centro comercial, hoy sea más parecido a un outlet, donde se puede encontrar esos productos de la temporada pasada a muy buen precio, total, ya están avalados por el gusto ajeno y las galerías, como las boutiques, exhiben —como en los aparadores— obras originales que atraen, pero lo que venden es lo de siempre. Somos un público conservador (y no me refiero a recatado, sino a que no arriesga) al que le gusta simular y sobre todo esnobear. Esta feria es como pasear por la Alameda, es como jugar a que se vive en un anhelado primer mundo creado en las fantasías de las clases pudientes en las que el glamour y la “gente como uno” rigen. Es un viaje a un destino artístico donde lo bonito (que no la búsqueda de una estética plástica ni conceptual), lo ornamental y lo social marcan la pauta. Zona Maco es un destino al que se va a practicar el turismo cultural.
*Escritora y editora
