No repitamos los errores

El negocio de las drogas no espera.

Es común que cuestionemos a las autoridades gubernamentales responsables de la seguridad pública, lo hacemos como una reacción natural y humana ante las manifestaciones cada vez más degradantes de la violencia cotidiana que padecemos, así como ante la actitud desinteresa y superficial que asumen algunos de nuestros gobernantes que pintan o ven una problemática muy diferente.

La crítica pública es inherente al desarrollo del Estado democrático, requiere practicarse con la mayor objetividad y conocimiento de los hechos, desterrando coyunturas, intereses y apasionamientos. Se debe asumir con la madurez suficiente que permita construir las sinergias necesarias para el mejoramiento de los procesos públicos.

En días recientes fue del conocimiento público la actuación de la Semar, la Guardia Nacional y las autoridades de la Ciudad de México en distintos hechos que dieron como resultado detenciones y aseguramientos de personas y opioides. Logros que se suman a otros tantos, pero menos difundidos, como los relacionados con la destrucción de numerosos laboratorios especializados en la producción de fentanilo a cargo de la Sedena.

Estos resultados requieren valorarse en su justa dimensión para apreciar su valía a partir de la concepción real que representan en el contexto de la delincuencia organizada trasnacional. La detención de Caro Quintero más allá del homicidio de Kiki Camarena constituye un freno temporal a las operaciones de trasiego en el noroeste de nuestro país hacia los Estados Unidos y el reacomodo interno de los cárteles sobre los que incide la detención. La destrucción de los múltiples laboratorios de producción de droga sintética generará presión sobre su oferta en los mercados internos y externos mientras se estabiliza. Los propietarios del alcaloide se verán afectados financieramente por el valor de los decomisos históricos, pero continuarán con sus operaciones o vendrán otros a sustituirlos.

Desde luego, que no se pretende quitar mérito a las fuerzas del orden sobre sus resultados, tienen valía y mucha, pero éstos deben abrir un espacio de reflexión sobre la real y permanente estrategia en el combate al narcotráfico. La delincuencia organizada responde sólo a una motivación, la económica, como lo afirma Wilfried Bottke “constituye un proyecto empresarial”, por ende, así debe concebirse en la lucha frontal del Estado mexicano.

Los recientes resultados afectaron la cadena de valor y a células empresariales en particular, pero no es suficiente. El poder económico y operativo de estos grupos permite que se reorganicen, transformen y continúen con su negocio criminal en corto tiempo. Es necesario no sólo más de estos golpes, sino dirigirlos a la afectación permanente de sus operaciones y, esto se puede efectuar adoptando una estrategia integral de carácter multinacional, que incida en todo el proceso: productores, transportistas, distribuidores, vendedores y consumidores, más cuando se trata del fentanilo como refiere Javier Oliva.

Bienvenidos este tipo de resultados, renuevan la confianza en las instituciones, pero de no cambiar, sólo se sumarán a la estadística oficial, como ha sucedido en otros tiempos. No repitamos los errores del pasado, el negocio de las drogas no espera, es dinámico, se renueva permanentemente. Sin estrategia, en poco tiempo tendremos una población marcada por las adicciones, envuelta en violencia y corrupción.

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