No más violencia contra las mujeres, mandato de la sociedad
Las cifras difundidas por el Sistema Nacional de Seguridad Pública sobre la incidencia delictiva muestran que el número de delitos cometidos en el periodo eneroseptiembre del presente año es de 1,615,287. Las víctimas mujeres suman 91,547 y los principales delitos ...
Las cifras difundidas por el Sistema Nacional de Seguridad Pública sobre la incidencia delictiva muestran que el número de delitos cometidos en el periodo enero-septiembre del presente año es de 1,615,287. Las víctimas mujeres suman 91,547 y los principales delitos cometidos en su agravio son lesiones dolosas, culposas y otros delitos que atentan contra la libertad personal, que conjugan un universo de más de 80%, esto sin contar los homicidios y feminicidios que le aportan 6.2% más.
Ayer se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, motivo por el cual miles de mujeres marcharon por las calles de todo el país, demandando, precisamente, justicia y una política pública más efectiva. Las cifras aportadas son reveladoras de su causa. La violencia es el común denominador de los delitos cometidos en su contra.
La denuncia pública en redes sociales y la participación de los medios de comunicación, pareciera ser el instrumento más eficaz que las familias mexicanas han encontrado para reclamar y obtener justicia, lo que lamentablemente refleja la debilidad institucional que enfrentan los aparatos de seguridad y procuración de justicia en nuestro país.
La sensibilidad e identidad de causa de algunas de esas autoridades ha sido determinante para esclarecer ciertos casos, como ha sucedido recientemente en la Ciudad de México, pero esto no debe ser el común denominador. El problema de la violencia contra las mujeres requiere de una atención permanente e integral de todas las mexicanas y mexicanos, seamos o no autoridades.
Esta atención necesariamente debe transitar por la revisión de las políticas públicas relacionadas con el consumo de drogas y alcohol, reconociendo que tenemos un problema grave de salud pública, más aún cuando el fentanilo está adquiriendo carta de naturalización en nuestro país, particularmente en los estados de Baja California, Sinaloa y Sonora, donde las autoridades han aceptado la existencia de un alarmante consumo de esta mortal droga. Así lo ha reconocido ya Canadá, que sufre también los embates de la delincuencia organizada trasnacional asociada al tráfico de drogas.
No se puede afirmar que el consumo de drogas y alcohol sea el componente único y determinante de la violencia contra las mujeres. Sostener lo anterior, sería irrisorio y bizarro, implicaría asumir erróneamente que la culpa es de ellas, como muchos hombres lo señalan. Este tipo de violencia transita por otros factores como la educación, los valores y la familia, pero no podemos cerrar los ojos ante una realidad cada vez más evidente y cotidiana.
Los feminicidios cometidos en Monterrey, así como en la Ciudad de México y ampliamente difundidos poseen este componente, pero también la presencia del crimen organizado. Ahí, el Estado mexicano ha tenido éxitos recientes. Los aseguramientos de fentanilo dan cuenta de ello, pero reitero, no es suficiente.
El combate a la violencia contra las mujeres debe ser una política trasversal e integral, donde reconozcamos nuestras debilidades y hagamos de nuestras fortalezas la principal arma. No permitamos que la violencia siga siendo el común denominador de los delitos cometidos contra las mujeres. Erradicar la violencia, significa no más feminicidios, violaciones y agravios contra las mujeres, ése debe ser el mandato permanente que la sociedad instruya a las autoridades.
