Llamadas de alerta, política de seguridad bajo presión

La historia de México y Estados Unidos relacionada con los temas de seguridad y delincuencia organizada siempre ha transitado por caminos sinuosos, llenos de todo tipo de obstáculos y adversidades. La necesidad de un entendimiento mutuo y la prevalencia de la sensibilidad ...

La historia de México y Estados Unidos relacionada con los temas de seguridad y delincuencia organizada siempre ha transitado por caminos sinuosos, llenos de todo tipo de obstáculos y adversidades. La necesidad de un entendimiento mutuo y la prevalencia de la sensibilidad diplomática, acompañada de la capacidad técnica en los equipos negociadores han logrado zanjar diferencias y construir agendas con un interés común.

En los próximos meses, los dos países tendrán que reunirse para refrendar la agenda bilateral vigente o en su caso replantearla. La ventana de tiempo es reducida, la toma de posesión de la doctora Claudia Sheinbaum, como nueva Presidenta de la República, marcará el inicio formal de los días cruciales de trabajo institucional para integrar una posición sólida y firme ante las presiones norteamericanas, sin que esto signifique que no se pueda avanzar previamente. La reciente entrega “voluntaria” de los lideres del narcotráfico de Sinaloa ya genera presión.

En caso de resultar ganador de la elección presidencial el Partido Demócrata, probablemente los ajustes de la agenda bilateral serán bajo un ambiente, aunque no fácil, más terso y con objetivos afines a lo que actualmente se trabaja. Se insistirá en lo que no se logró consenso y se replanteará en lo que no se avanzó, trazando estrategias y acciones nuevas o complementarias. De ser ganador el Partido Republicano seguramente las negociaciones se tornarán más complicadas y ásperas. Lo hemos vivido en el pasado y no habría razón de que fuera diferente.

Muestra de ello, son las declaraciones del candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, quién afirmó en una entrevista para Fox News: México está petrificado ante los cárteles de la droga y éstos pueden quitar a un presidente en dos minutos. Por su parte, su compañero de fórmula, J.D. Vance, sostuvo: México se convertirá en un narcoestado si Estados Unidos no toma control de la situación.

Más allá de quién gane las elecciones presidenciales en Estados Unidos o las declaraciones coyunturales y electoreras de sus candidatos partidistas, lo cierto es que México sí requiere trabajar sobre el problema del crimen organizado, no sólo delineando la política pública de seguridad que enmarcará sus acciones gubernamentales en los próximos años, como ya fue anunciado, sino profundizando y diferenciando, en aquellas temáticas que requieren un énfasis particular, ya sea, por la naturaleza de los delitos que se cometen, por los imputados y víctimas que se involucran, por el bien jurídico que se tutela o por el carácter trasnacional de su dinámica.

Desde luego, no necesitamos ser adivinos para reconocer dónde existe un interés compartido entre las dos naciones, pero no podremos enfrentarnos a una negociación justa y equilibrada si no hacemos la tarea previa, lo que implica reconocer nuestras virtudes y defectos, así como los temas en los que hemos avanzado y en los que tenemos nulos resultados o retrocesos.

México ni está petrificado ni está en riesgo de ser un narcoestado, somos un país de instituciones. Tampoco andamos culpando a los demás de nuestros propios problemas, como sí lo hacen algunos de nuestros vecinos, que no asumen su parte de culpa. Sin embargo, en algo tienen razón, requerimos trabajar y mucho en contra del crimen organizado. No hagamos oídos sordos de las llamadas de alerta. Todavía estamos a tiempo, después, quien sabe.

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