El uso de la información, ejercicio de manipulación pública
En el marco del Proyecto de Investigación Científica Básica SEPConacyt Desafíos de la integración social en las democracias, la UNAM y la casa Siglo XXI editores, publicaron en noviembre pasado una obra extraordinaria de consulta obligada para todos aquellos ...
En el marco del Proyecto de Investigación Científica Básica SEP-Conacyt Desafíos de la integración social en las democracias, la UNAM y la casa Siglo XXI editores, publicaron en noviembre pasado una obra extraordinaria de consulta obligada para todos aquellos interesados en el acontecer social de nuestro país.
El libro se titula el Diccionario de las injusticias, encabezado por el doctor Carlos Pereda y en él se aborda, por distinguidos especialistas, temas como el abuso de poder, la corrupción, la ilegalidad, la opacidad, la violencia, la impunidad. Todos ellos, mantienen como eje rector de estudio, el fenómeno de la injusticia y sus diversas expresiones materiales generadas por el hombre en su interacción social.
Entre ellos, destaca el titulado Manipulación pública, formidablemente escrito por el especialista y comunicólogo José Antonio Sosa Plata. Él señala que la manipulación es un fenómeno social antiguo, generalizado y recurrente, es una “acción de comunicación que puede convertirse en una injusticia” y que opera por medio de instrumentos sutiles, sofisticados, astutos, difíciles de detectar y aún mas de comprobar jurídicamente.
Sostiene que la manipulación significa “actuar o proceder, a través de una interacción comunicacional, en contra de la voluntad o intereses de las personas generalmente desde una posición de poder, a partir de la distorsión de la verdad o la injusticia, y con el fin de obtener algún beneficio”.
Ya en forma más específica afirma que la manipulación pública más efectiva es la que “no perciben los receptores, la que oculta sus verdaderas intenciones, aquella que utiliza elementos distractores, la que recurre al chantaje emocional, la que se presenta en un escenario de aparente normalidad, la que opera sobre procesos inconscientes, la que afecta identidades o ideologías, la que se genera sin grandes resistencias”. En su sentido negativo, “debilita a las instituciones, a las leyes y al sistema de justicia. A mayor manipulación, mayor control de las sociedades, una afectación directa o indirecta a sus derechos humanos y un menor margen para el ejercicio de las libertades”.
Aborda que la manipulación pública no es sólo del Estado, sino también es un instrumento utilizado por las grandes corporaciones privadas, las cuales generan opinión pública, a través de las redes sociales y los nuevos medios de comunicación masiva. Poseen su propia agenda.
Llama la atención la reflexión que hace sobre la responsabilidad “pasiva o complaciente de los receptores de la información”, ellos también son responsables de la manipulación pública, sino asumen su verdadero rol como ciudadanos conscientes del actuar de los emisores de la información y sólo pretenden recoger los beneficios que les atañe, volteando la vista convenientemente.
En resumen, el ensayo abordado por Sosa Plata, invita a la reflexión ciudadana sobre su responsabilidad cívica, política y social. No debemos quejarnos por lo que somos responsables. Sólo a través de una verdadera cultura ciudadana podremos alcanzar un auténtico Estado democrático.
La manipulación pública “positiva o negativa”, seguramente seguirá acompañando el ejercicio de las tareas públicas o privadas, pero en nosotros, como ciudadanos, está la responsabilidad de no constituirnos en un objeto o instrumento para que ciertos intereses perversos prevalezcan.
