El que paga manda

La fórmula era muy sencilla: “el que paga manda”, esto es, México necesariamente tenía que cumplir con las directrices norteamericanas

El Día De Las Definiciones

Ayer representó para nuestro país un momento crucial en el futuro de su política de seguridad. Funcionarios del más alto nivel de México y Estados Unidos se reunieron para fijar las nuevas reglas de entendimiento y acordar en forma definitiva las prioridades temáticas sobre las que se materializará la cooperación entre ambos países en los próximos años.

Las reglas de entendimiento siempre han sido el talón de Aquiles de la relación bilateral. La última experiencia fue el Acuerdo de Cooperación Bilateral llamado Iniciativa Mérida, suscrito en 2008 y vigente prácticamente hasta 2021, el cual se diseñó, en el mejor de los casos, bajo un esquema “asistencialista”, como bien lo dice el canciller; por ende, de subordinación estratégica y de dependencia operativa.

La fórmula era muy sencilla “el que paga manda”, esto es, México necesariamente tenía que cumplir con las directrices norteamericanas en materia de seguridad a cambio de recibir equipamiento, información de inteligencia, así como capacitación en las áreas de prevención, procuración e impartición de justicia. Dicha inversión fue de millones de dólares.

Las directrices fijadas por nuestros vecinos respondían a su agenda, que podía ser compartida e inclusive coincidente en algunas de sus partes, pero no necesariamente bajo los mismos principios e intereses. Las prioridades de Estados Unidos se enfocaban, entre otras, al grave problema en el consumo de drogas y a la seguridad fronteriza. Para México, sus necesidades eran básicas, requeríamos recursos para fortalecer nuestras instituciones totalmente desacreditadas por la presencia de la corrupción e impunidad.

Es aquí donde encontraron la coyuntura para incidir. Las agencias norteamericanas especializadas se involucraron abiertamente en trabajos operativos y de inteligencia en nuestro país. Los objetivos de las instituciones mexicanas se trastocaron. En conclusión, pocos resultados.

Los cambios de gobierno, la falta de un adecuado seguimiento y control ante nuevas prioridades, el escalamiento de la problemática en materia de seguridad fronteriza, la utilización de nuevos precursores químicos como el fentanilo, la amenaza del terrorismo, la demanda de México contra las empresas armamentistas en Estados Unidos, entre otras cosas, hizo necesario cancelar la Iniciativa Mérida.

Es positivo que México pretenda cambiar la ecuación en la cooperación binacional, sabemos que no es fácil, las asimetrías entre ambos países lo complican, pero esto no justifica ninguna sumisión o política entreguista. El respeto mutuo que merece una relación bilateral de Estado y la aceptación de nuestras realidades son los espacios que permitirán un trabajo constructivo. El entendimiento se debe fundar en la confianza, como afirma Earl Anthony Wainer, exembajador de Estados Unidos en México. Debiendo agregarse y en el ejercicio de la diplomacia y la ley.

De nada servirá un nuevo acuerdo bilateral, con nuevas reglas de entendimiento, si no volteamos hacia el interior y realizamos un genuino cambio en el paradigma de nuestras políticas públicas en materia de seguridad. De no hacerlo, continuaremos siendo rehenes de nuestra debilidad institucional, de la corrupción y la impunidad, cayendo nuevamente en la salida fácil del apoyo “asistencialista” y, peor aún, en el esquema perverso “del que paga manda”.

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