Acapulco: reconstrucción integral
La actividad es la prestación de servicios turísticos.
El municipio Acapulco de Juárez es una de las demarcaciones territoriales más importantes del país. Hasta 2020, atendiendo al número de sus habitantes, se ubica en el lugar 13 respecto del resto de la nación con una población de 779 mil 566 acapulqueños y con una escolaridad que no rebasa en su mayoría la secundaria, todo ello, de acuerdo con información del Inegi.
Asimismo, el número de viviendas existentes asciende a más de 200 mil, las cuales, excluyendo las de alta plusvalía económica, se localizan fuera de la zona turística y esencialmente en las partes altas, con graves problemas en el suministro y mantenimiento de servicios públicos, de difícil acceso, de alto riesgo ante los desastres naturales y proclives para ser utilizadas con fines ilícitos, principalmente los relacionados con la droga, la extorsión y el secuestro.
Su principal actividad económica es la prestación de servicios turísticos, los cuales se dividen por zonas atendiendo a la época en que fueron edificados. El Acapulco tradicional, con problemas inherentes a la edad de sus construcciones, que lo hacen poco funcional y riesgoso ante la presencia de la delincuencia, que sobrevive principalmente por el esfuerzo sobrehumano de su población y por inversionistas oriundos del propio estado, en su mayoría. El Acapulco dorado, que responde a una mejor organización de los servicios públicos y a una estructura de planeación urbana diseñada bajo lineamientos más técnicos, pero que también ya aqueja problemas de conservación sumados a la presencia del crimen organizado que ha provocado su abandono y un declive grave en el interés turístico. Finalmente, el Acapulco diamante, que empezó a desarrollarse en las últimas décadas del siglo pasado adquiriendo fuerza y dinamismo económico y es donde se edifican los grandes complejos turísticos y desarrollos inmobiliarios de alta gama.
Los esfuerzos por darle viabilidad a las tres zonas turísticas ha sido la divisa a la que se han enfrentado de tiempo atrás las autoridades y la sociedad civil organizada, sin embargo, la inseguridad, la corrupción y el saqueo del que ha sido objeto Acapulco lo han hecho una ciudad que requiere necesariamente de una atención prioritaria, de fondo e integral.
La reconstrucción de Acapulco por los daños ocasionados al paso del huracán Otis, seguramente se logrará. A corto plazo, los esfuerzos se encaminarán a la infraestructura urbana y de comunicaciones, principalmente en las zonas turísticas y en las vialidades principales. A mediano plazo, las acciones serán las inherentes a la reactivación de la actividad turística y finalmente, a largo plazo, si llegan, aquellas relacionadas con las zonas que siempre han estado en el abandono. En todo ello, el empleo, el acceso a los servicios básicos, la alimentación, la seguridad y la salud deberán ser la prioridad.
La oportunidad de reconstruir Acapulco no es tarea sólo del gobierno, es responsabilidad de todos, empresarios y sociedad civil. Los trabajos deben ser organizados bajo una visión real de políticas públicas que lo hagan nuevamente el destino turístico que es por excelencia. Los recursos que fluyan hacia la reconstrucción, son importantes y deben transparentarse, pero sin un plan integral acorde al tamaño del reto, sólo se traducirá en inversiones que constituirán un mero paliativo para la sobrevivencia de Acapulco, no para su verdadero y sostenido desarrollo.
