Los placeres cotidianos

• Durante seis días de convalecencia, releí poesía y desde la soledad de mi cama, surgió este texto

Entre el covid y la poesía

Seis días de convalecencia y me dio por asomarme a la poesía. Me releí a Machado, me relamí de nuevo con Whitman, hice un viaje a la morriña en Rosalía, redescubrí a Neruda. Le abrí la puerta a Poe, la más oscura. Viajé a Granada con Lorca y más al sur con Benedetti. Y entre todos esos genios, yo solito, abrumado con tanta belleza, en un atrevido intento por hacerme eco en la rima, brotaron estos versos, con poca gracia, quizá; pero sentidos, nacidos de adentro desde la honesta fluidez de la soledad de mi cama. Son para ella, son para mí, son para ustedes:

Quiero...

–Se me van las ansias a quererte y por fuerza quiero dar, vaciar en ti mi alma entera a falta de sólidos tesoros. Sólo poseo el valor de lo que siento y la dulce intención de mis palabras, quiero escribirte cada día, hasta colgar tus verdes ojos de mis letras encendidas, y hacerte ver en cada verso, mi amor total, la suavidad con que he de atar tus alas a las mías, para volar el mismo vuelo de nuestros sueños.

–Quiero comprar una casita luminosa con un balcón azul sobre el océano, un rincón de paz para tu yoga y una cama mullida y cobijada que nos procure el calor en noches frías, y mientras no pueda haré valer la fantasía y la veré en piedra tan real como es mi anhelo, aunque hoy me conformo con llevarte alguna rosa, un chocolate y mi poesía. Con esas prendas acotadas al cariño he de apurar y estar a tono con tu tiempo, rozar tus labios con los míos, mimar tus manos sujetándote orgulloso, quitar a pulso los guijarros de tu senda, para abrazarte y protegerte. Recitarte los sonetos más hermosos, acariciar con mis susurros tus oídos, con mil te quieros, que enamoren tus sentidos, con tanto celo y tanto amor como latidos. Hacer camino con los pasos serenados, viajar al cielo enmarañado entre tu pelo, y despeinarte, y recorrerte, y desarmar el puzle necio de mis duelos para llegar a tu alma, limpio y renacido. Quiero crecer contigo y hacer verdad el más locuaz de mis delirios, seguir soñando, soñando juntos, quiero dormir entre tus brazos arropado con el aliento de tu pecho en mis narices, y respirarte, inhalando tu perfume tan carnal como divino, hacerte diosa de mi vida y de mis cuentos, hacerte reina en el reino de mis besos, y consagrarte, y consagrarme a ser los dos en esta vida un solo ente.

–Quiero llevarte a recorrer el mundo entero, mas de momento sólo puedo acompañarte a los paseos matutinos con los perros, ir al teatro, ver en el cine los paisajes y vivirlos con esa loca sensación de estar en ellos, luego volver para abrazarnos en el juego, para reírnos con las risas estruendosas, con nuestros juegos, con la ironía de tu mente retorcida, con tu sarcasmo en esa lucha, donde la prenda victoriosa está en la risa, esas sonrisas que nos llevan a los besos, y a las caricias.

–Quiero que entres en el mundo de los míos, que te conozcan, lucir tu esencia entre la gente que me quiere, para que al poco, también te admiren y te arropen en el clan de mis cercanos, y que te sientas uno más y estés contenta, quiero mostrar a mis amigos tu presencia, y presumirte, dejarles ver la maravilla de mi suerte, la gran fortuna de tenerte. Quiero entrar en el espacio de los tuyos, sentirme parte, hacer que ellos me quieran y me acepten.

–Quiero vivir los años que me queden amarradito a la redondez de tus caderas, quiero despertar con tu perfume entre las sábanas, e ir a dormir plácidamente por las noches, velar tu sueño y disfrutar el sube y baja acompasado de tu pecho, quiero quererte para siempre, Unagi mía, y que me quieras al igual sublimemente. Quiero impulsarme de tu fuerza y ser bastón si un mal día te sientes débil, ser tu columna. Ser tu aprendiz, y alguna vez poder mostrarme inteligente para sentirme tu maestro en algún tema, y compartir, y concordar, y converger, y coincidir. Y amarnos tanto hasta parecer dos locos, pero cuerdos, lúcidos y al mismo tiempo... totalmente enajenados.

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