El desafío del Ejército ante un país en llamas
En medio de una violencia que no cede en el país, el Ejército mexicano se ha convertido en un actor clave, y en muchos casos, el último recurso del Estado para intentar contener al crimen organizado. La administración de Claudia Sheinbaum presume resultados sin ...
En medio de una violencia que no cede en el país, el Ejército mexicano se ha convertido en un actor clave, y en muchos casos, el último recurso del Estado para intentar contener al crimen organizado. La administración de Claudia Sheinbaum presume resultados sin precedentes. No obstante, las FA enfrentan un doble desafío: sostener la seguridad nacional y al mismo tiempo conservar su legitimidad ante una ciudadanía cada vez más lastimada y escéptica.
En los primeros meses de este gobierno, las fuerzas especiales del Ejército, junto con la Marina y la Guardia Nacional, han logrado desmantelar decenas de narcolaboratorios, decomisar toneladas de drogas, incluyendo fentanilo y detener a más de 18 mil personas relacionadas con delitos de alto impacto. Estos resultados han provocado, incluso, el reconocimiento de Donald Trump. Aunque insiste en intervenir directamente con fuerzas de inteligencia en nuestro territorio —algo que, según algunos, ya ocurre de forma encubierta—, lo cierto es que, a raíz de esa presión, las acciones del gobierno de Sheinbaum contra los cárteles se han intensificado.
Sin embargo, la paradoja no podría ser más evidente. A pesar del despliegue de fuerza y los éxitos tácticos, la percepción de inseguridad entre la población va en aumento. Según la última encuesta del Inegi, 62% de los mexicanos se sienten inseguros, superando la cifra registrada al inicio de este gobierno. Es un hecho: la gente no vive en los partes de guerra oficiales ni en los comunicados de prensa. Vive en territorios disputados, en calles tomadas por cárteles y en ciudades sin ley.
Los eventos recientes lo confirman. Narcobloqueos en Guanajuato, Jalisco y Michoacán, provocados por el CJNG tras los operativos de las Fuerzas de Élite. Misma situación se vive en al menos otros 11 estados, donde se incrementaron los homicidios y Sinaloa lidera la lista con un aumento de 224%, seguido de Tabasco con 66 por ciento. El “edén” tabasqueño está convertido en tierra de extorsión, asesinatos y cierre de comercios ante el cobro de piso de grupos criminales.
Y mientras la violencia escala, México se prepara para un nuevo episodio de su historia institucional: la elección por voto popular de jueces, magistrados y ministros. El reconocimiento público por parte de Gerardo Fernández Noroña sobre la existencia de “narcocandidatos” resulta alarmante.
¿Puede el Ejército sostener el Estado de derecho en un país donde el crimen organizado tiene aspiraciones políticas abiertas? Difícilmente.
El prestigio e institucionalidad del Ejército dependen más que nunca de resultados, pero también de límites. Porque si bien es cierto que bajo el liderazgo del Gral. Ricardo Trevilla ha sido la institución con mayor capacidad de respuesta frente a los cárteles, también lo es que su uso excesivo como salvavidas de la política civil pone en riesgo su credibilidad.
Convertido en pilar de la seguridad, de la construcción de infraestructura, de la gestión de aduanas y del combate a las drogas, el Ejército ha sido llevado más allá de sus límites naturales y constitucionales exponiéndolo públicamente a un desgaste sin precedentes.
El problema es que el Ejército, junto con la Marina y GN, no pueden hacerlo todo ni tampoco deben. Su eficacia táctica no sustituye a un sistema de justicia funcional ni puede resolver el colapso de las fiscalías estatales, donde se siguen integrando carpetas mal hechas y donde la impunidad es la regla. México, hay que decirlo, está en llamas. El Ejército ha asumido el reto de combatir al crimen con disciplina, profesionalismo y resultados. Pero el país no puede seguir sosteniéndose sólo sobre los hombros de sus soldados, marinos y guardias. La seguridad no es sostenible si no se reconstruyen las instituciones civiles, si no se reforman las fiscalías y si no se limpia la política.
DE IMAGINARIA
Con la presencia de los secretarios de la Defensa, Gral. Ricardo Trevilla, y de la Marina, almirante Raymundo Pedro Morales, la presidenta Claudia Sheinbaum inauguró la Décima Feria Aeroespacial México 2025 en la Base Aérea Militar No. 1 de Santa Lucía, donde se conmemoró también el 110 Aniversario de la Fuerza Aérea Mexicana.
