El desastre de AMLO y el legado de Sheinbaum

En medio de actos de corrupción que no se habían visto en más de 40 años, persiste la ausencia de llevar a estos criminales ante la justicia tanto del sector salud como del energético. A esto se suman los últimos decomisos de grandes cantidades de huachicol, donde de la misma manera, nunca hay detenidos.

En los primeros meses del mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum, ya enfrenta dos crisis que, más que poner a prueba su mandato, han sacudido a su administración: la creciente deuda de Petróleos Mexicanos y el escándalo de corrupción en Birmex. Ambos casos no sólo reflejan desafíos financieros como administrativos, sino que también ponen a prueba la promesa de un gobierno transparente y eficiente.

Empecemos por Pemex, que enfrenta una deuda de más de mil millones de pesos con sus proveedores, lo cual es de conocimiento público por información periodística de medios de comunicación. Aunque oficialmente reconoce adeudos por 506 mil millones de pesos, estimaciones indican que la cifra real podría ser del doble, considerando trabajos ya realizados pero aún no facturados. Esta situación ha llevado a la paralización de empresas contratistas generando una gran incertidumbre tanto en los pagos como para futuros inversionistas en el sector energético.

La Presidenta se había comprometido a saldar gran parte de esta deuda entre marzo y abril; sin embargo, se han reportado retrasos en los pagos, lo que ha agravado la crisis. La falta de liquidez, como la presión para mantener la producción, continúa complicando la estabilidad financiera de Pemex; a esto hay que sumarle el desastre de la próxima elección de jueces, magistrados y ministros de la Corte, la cual tendrá lugar el próximo primero de junio, lo que terminará por acabar con la certeza jurídica para el sector empresarial.

 En el sector salud, el caso de Birmex es un escándalo más de corrupción dentro del organismo encargado de la compra y distribución de medicamentos, mismo que depende del gobierno federal a través de la Secretaría de Salud. Se detectaron sobreprecios por más de 13 mil millones de pesos en la adquisición de fármacos, lo que provocó el cese de al menos cinco funcionarios, incluido su director general, Iván de Jesús Olmos. A la par, el IMSS reportó que en 2024 dejaron de surtirse más de 4 millones 527 mil recetas, lo que representa un faltante de por lo menos 11 millones de medicinas, según trabajos de investigación periodística.

 Esta crisis ha profundizado el desabasto y es una señal sobre la incapacidad del Gobierno para garantizar el derecho a la salud. Las marchas ciudadanas y las voces de mexicanos que siguen exigiendo medicamentos para sus padres, madres e hijos reflejan una profunda indignación frente a la indiferencia e incapacidad del gobierno federal.

Recordemos que en la administración pasada fracasó la llamada “megafarmacia”, la cual terminó con bodegas vacías. En contraste, los estados que operan fuera del modelo centralizado de la Secretaría de Salud, llamado Insabi, han reportado mejores resultados y mejor distribución de medicamentos.

 En medio de actos de corrupción que no se habían visto en más de 40 años, persiste la ausencia de llevar a estos criminales ante la justicia tanto del sector salud como del energético. A esto se suman los últimos decomisos de grandes cantidades de huachicol, donde de la misma manera, nunca hay detenidos. Por otro lado, seguimos a la espera de que las autoridades actúen sobre los gobernadores de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y de Tamaulipas, Américo Villarreal, que, a pesar de que se han documentado múltiples acusaciones públicas, siguen sin ser objeto de investigación.

Las crisis que atraviesan Pemex y Birmex, sumadas a los persistentes problemas de inseguridad, son señales claras de que la llamada Cuarta Transformación enfrenta serios desafíos.

 En este contexto, resulta preocupante que algunos actores políticos, incluidos coordinadores parlamentarios de Morena, actúen movidos únicamente por intereses personales, aprovechándose de la gran popularidad que ahora cuentan, pero que no contarán con ella para siempre. Este es un momento decisivo para que la Presidenta ejerza liderazgo con firmeza, restablezca el orden y actúe con visión de Estado, en beneficio no sólo de su administración, sino de todo el país.

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