¡Ya cállate… o te va a pasar lo mismo que a tu hijo!
A la memoria de Hugo Wallace. 11 de julio de 2005: Hugo Alberto Wallace Miranda es secuestrado y asesinado por la banda capitaneada por César Freyre, El Yanqui, exagente ministerial. Cómplices: Jacobo Tagle, Brenda Quevedo, Juana Hilda González Lomelí y los hermanos ...
A la memoria de Hugo Wallace.
11 de julio de 2005: Hugo Alberto Wallace Miranda es secuestrado y asesinado por la banda capitaneada por César Freyre, El Yanqui, exagente ministerial. Cómplices: Jacobo Tagle, Brenda Quevedo, Juana Hilda González Lomelí y los hermanos Castillo Cruz.
A diez años de distancia, el caso Wallace es el secuestro emblemático de México. Por cómo se dio. Por su historia. Por la valentía de una ciudadana: Isabel.
Extractos del libro El Caso Wallace. Cap. La Captura. (Edit. Santillana/Aguilar. Martín Moreno):
César Freyre sale de Abarrotes, Vinos y Licores “Pipo”, y está a unos cuantos metros de su novia. Lleva una botella de agua en la mano. Los lentes sobre el cabello, como peineta. Comienza a beber. Isabel oteaba. Siente, inevitable, un espasmo en el estómago al ver a César.
El Yanqui deja de beber. Keopsky se encamina hacia él.
La maestra corre y se planta frente a ese gigante de casi 1.90. Lo tiene a dos pasos. Tan cerca y tan lejos.
¡¡¡Maldito, dime dónde está mi hijo!!! ¿¿¿Dónde lo tienes??? ¿¿¿Dónde, dímelo???
Freyre queda paralizado por la sorpresa.
Keospky, olfateando el peligro, huye y se encierra en su apartamento
Isabel: ¡¡¡Te voy a pagar, pero, por favor, dime dónde está mi hijo!!! El jefe de los secuestradores sale de su sorpresiva inmovilidad, desenfunda su pistola, apunta hacia la cabeza de Isabel, y le responde: ¡Ya cállate, hija de la chingada! ¡Ya cállate, o te va a pasar lo mismo que a Wallace..!
Isabel se defiende con una mentira obligada: ¡A mí me podrás matar, pero no vas a escapar! ¡Estás rodeado, Freyre! ¡Te van a detener! ¡Ya metí a mucha de tu gente a la cárcel, y tú te vas a ir con ellos! ¡Estás rodeado!
Freyre se descontrola. Mira a su alrededor. Su mano derecha, firme, sigue sosteniendo la pistola a lo alto. Ladra amenazante: ¡Ya cállate, hija de la chingada, porque te va a pasar lo mismo que a tu hijo!, refocila El Yanqui.
Faltan unos minutos para las 8 de la noche. Se abre un silencio fugaz, angustiante. De muerte.
*****
Roberto Miranda tiene 50 años de edad, mide alrededor de 1.75 metros y, para la desgracia de Freyre, es ducho a la hora de pelear.
Y esa condición humana, la de la furia —aquella tarde del 26 de enero de 2006—, le salvó la vida a él y a su hermana.
Al ver desde el taxi, con el rabillo del ojo, que Freyre —más fuerte, más alto—, apuntaba con la pistola hacia la cabeza de Isabel, cualquier mecanismo de prudencia se le trabó. Le entregó rápidamente un billete de 200 pesos al taxista. “No tengo cambio, jefe”. A la chingada con el dinero. Bajó. A unos diez pasos, Freyre, lentamente, daba vuelta en semicírculo, pero era sujetado por Isabel. Ese ligero movimiento lo puso de espalda hacia Roberto.
Era el momento de atacar.
Tomó impulsó y lo tacleó por detrás.
Freyre cayó. La pistola se le zafó de la mano derecha mientras, sorprendido, intentaba desprenderse del hombre que ya lo tenía en el suelo y que lo sujetaba fuertemente de cintura y piernas. Roberto cierra las tenazas para evitar que Freyre recupere la pistola. Sabe que si la vuelve a tener, lo matará. O los matará.
¡Suéltame, puto! ¡Suéltame, hijo de la chingada!—, le gritaba Freyre, enfurecido, tratando de zafarse a golpes, la mayoría al aire, ya que por la posición en la que se encontraban, Roberto le llevaba ventaja. Lo tenía de espaldas.
¡No te voy a soltar, pinche asesino! ¡Ya te chingaste, cabrón!
¡Déjame, puto! ¡Les voy a reventar su madre... y de todos modos no les voy a regresar a Wallace!
*****
Hoy, Freyre, Juana Hilda y los Castillo Cruz ya están sentenciados. Brenda y Jacobo esperan sentencia.
Diez años después, la lucha de Isabel Miranda de Wallace continúa para hacer justicia a su hijo Hugo.
Twitter: @_martinmoreno
