Romper el Guinness, olvidar a los pobres

Notable la velocidad con la que el Gobierno de la Ciudad de México cubrió el Zócalo con una enorme alfombra verde de pasto sintético. En apenas cinco días quedó lista una superficie de cuatro canchas de futbol para que unas 10 mil personas tomen mañana una clase masiva y, al hacerlo, rompan un récord Guiness. ¿Cuánto futbol puede enseñarse y aprenderse en dos horas? Poco importa. Lo relevante será la experiencia: decir que se estuvo ahí y demostrar que México sabe hacer las cosas en grande. Me parece estupendo que se regale un domingo así a miles de capitalinos. Bienvenido el buen circo.

Parece que es lo único que los gobiernos mexicanos podrán ofrecer al “pueblo” con motivo del Mundial. El domingo, cuando se supere el Guinness, se cumplirán diez días desde que la presidenta Sheinbaum prometió publicar la lista de 4 mil 200 canchas y espacios a rehabilitar para que niños y jóvenes que hoy no tienen dónde jugar futbol puedan hacerlo con dignidad.

 Entendimos que se trataría de una suerte de plan rector, con la ubicación de cada punto y el detalle de cómo quedarán después de su rehabilitación. La lista no se ha publicado, lo que fortalece la sospecha de que no existe; de que no hay diseño estratégico, presupuesto ni pies ni cabeza.

Alguien engañó a la Presidenta –y de paso también a miles de niños y jóvenes— con ese proyecto maravilloso que hoy luce imposible de cumplir: y no porque fuera particularmente difícil, sino porque nadie lo tomó en serio. Felicidades por el Guinness. Qué pena por la burla de las 4 mil 200 canchas para los chavos pobres.

 

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