Soberanía e interdependencia

Las bases del mundo moderno fueron establecidas desde hace varias décadas bajo el principio de la interdependencia, que no es otra cosa que la profunda conexión entre naciones, economías y sociedades, de manera que lo que ocurre en algún lugar del planeta afecta inmediatamente al resto de la comunidad internacional.

Hoy en día los países dependen unos de otros para el desarrollo del comercio, la tecnología, la energía y la seguridad. Para nadie es innegable que en el mundo moderno ninguna nación es totalmente autosuficiente en el escenario internacional.

Dicha interdependencia ha permitido comprar productos, alimentos y tecnología de cualquier parte del mundo. Asimismo, hace más fácil compartir descubrimientos médicos y enfrentar crisis sanitarias en conjunto con la comunidad internacional. De igual modo impulsa acuerdos comerciales como el T-MEC con la finalidad de fortalecer economías regionales.

Pero también enfrenta riesgos y desventajas: los problemas y conflictos en una región determinada (guerras o crisis de suministro) se vuelven globales inmediatamente, lo mismo que cortar lazos comerciales o energéticos, lo que impone graves consecuencias económicas a todas las naciones involucradas.

En la actualidad, los conflictos internacionales y las crisis migratorias, como las que vemos en Europa o América, demuestran que la unión no siempre es garantía de una paz absoluta.

Confundir interdependencia con soberanía es un error común en la política y la economía globales por una simple razón: no podemos asumir erróneamente que depender de otros países significa perder la capacidad de gobernarse a sí mismo. Mientras que la soberanía es el poder legal y político supremo de un Estado para gobernarse a sí mismo, la interdependencia es la realidad común entre los países que se necesitan entre sí para prosperar.

Muchos piensan que un país soberano debe ser 100 por ciento autosuficiente. En el mundo moderno ningún país puede producir todo lo que necesita de manera aislada. Al firmar un acuerdo comercial o de derechos humanos, por ejemplo, un país acepta ciertas reglas. Esto no significa una pérdida de soberanía, sino un ejercicio de la propia soberanía al considerar condiciones comunes para obtener un beneficio mutuo. La soberanía y la interdependencia son dos conceptos opuestos, pero necesarios, que forman el equilibrio de la política mundial de hoy.

Los gobiernos, necesariamente, ceden parte de su poder a acuerdos u organizaciones internacionales para resolver problemas comunes.

Argumentar falta de soberanía cuando se trata de acuerdos políticos firmados entre dos o más países en nada contribuye a fortalecer la independencia de una nación; más bien se convierte en un “pretexto” nada eficaz para “proteger” y encubrir a quienes han violado las leyes en su propio país, afectando a otras naciones, como el caso de la colusión entre políticos y narcotraficantes que ha permitido la consolidación de verdaderas mafias que, desde el poder político y económico, han socavado las propias instituciones y han afectado los intereses de quienes son sus socios comerciales.

INVERSIÓN Y BIENESTAR… 

El gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, ha trabajado para que en la entidad se impulse la inversión en la industria y, con ello, generar más empleo para las familias poblanas. La Inversión Extranjera Directa (IED) pasó de 107.3 a 998.3 millones de dólares entre el primer semestre de 2025 y el de 2026: un crecimiento de 830 por ciento. En el primer trimestre de 2026 la economía estatal creció 3.1 por ciento y la industria manufacturera avanzó 8 por ciento. La tasa de desocupación bajó de 2.9 a 1.8 % entre el segundo trimestre del año pasado y el de este año. Con ello, Puebla se ubicó en el segundo lugar nacional en crecimiento de nuevas inversiones durante abril, mayo y junio de este año. Detrás de cada cifra hay más empleos, más oportunidades y más familias con bienestar.