Más de lo mismo
Podemos decir que, sustancialmente nada ha cambiado una vez que Trump dejó la presidencia de su país.
Apesar de que en los albores de este año el gobierno de Estados Unidos cambió de manos tras las polémicas elecciones presidenciales en las que el republicano Donald Trump (2017-2021) argumentó “fraude electoral" y que finalmente no pudo documentar, podríamos llegar a la conclusión —una vez visto el “giro" que ha dado la vida pública estadunidense— que las relaciones entre México y nuestro vecino del norte continúan siendo, en el fondo, como lo fueron durante el periodo que encabezó el magnate originario de Nueva York.
La llegada del demócrata Joseph Biden, si bien significó el triunfo del hartazgo de una parte importante del votante estadunidense, no ha variado en mucho la forma en que la diplomacia norteamericana ha conceptualizado desde hace varias décadas su relación con nuestro país, principalmente en dos temas sensibles: el desempeño del comercio con México, primero con el TLCAN y ahora con el T-MEC —por cierto a iniciativa de Trump— y, en segundo término, la política migratoria con el incremento de la presión en la frontera sur de nuestro país ante la “oleada” de indocumentados que aumentó a raíz de la pandemia de covid-19.
Ambos conflictos se mantienen en la agenda de las dos administraciones, la de Biden y la de López Obrador. Con motivo de su llegada a la Casa Blanca, hace poco más de cuatro años, el presidente Trump amenazó con imponer a las importaciones de productos mexicanos un arancel de 27 por ciento como “castigo” a nuestro país por no tomar —argumentó en ese entonces— las medidas suficientes y pertinentes para frenar las “olas” de migrantes que para entonces comenzaron a incrementarse.
Para “remarcar” sus amenazas, el mandatario estadunidense decidió suspender aquellas reuniones que se habían organizado tiempo atrás entre México y Estados Unidos, conocidas como DEAN, es decir Diálogo Económico de Alto Nivel. Al llegar Biden al gobierno las cosas cambiaron en ese sentido; se reactivó nuevamente el mecanismo bilateral, el cual se acaba de llevar a cabo la semana pasada en Washington.
La pregunta ahora es: ¿Cambiaron en algo, con esta reunión, los grandes temas de la agenda económica entre ambas naciones, máxime que ahora el presidente López Obrador insiste en plantear al gobierno de Biden la necesidad de que Estados Unidos apoye con dinero la recuperación económica de los países centroamericanos y del Caribe, que se han convertido en los grandes expulsores de migrantes de la región latinoamericana?
Podemos decir que, sustancialmente nada ha cambiado una vez que Trump dejó la presidencia de su país. Los conflictos en materia comercial, principalmente en las ramas automotriz y energética, continúan ante las amenazas de inversionistas estadunidenses de acudir a paneles internacionales ante flagrantes violaciones a lo acordado por México en el nuevo T-MEC. Pero, también persiste la “mano dura” del gobierno mexicano en la frontera sur ante la migración procedente de América Central. Hay que esperar en un futuro, como dice el presidente López Obrador, “un cambio” en la política migratoria no sólo de México, sino también de Estados Unidos con el fin de ayudar a aquellas comunidades centroamericanas que hoy viven entre la violencia y la inseguridad en sus países y que en México encuentran más de lo mismo.
Exgobernadores abusivos… Carlos Aysa González, quien hoy concluye su encargo de gobernador sustituto de Campeche en lugar de Alejandro Moreno Cárdenas, líder nacional del PRI y hoy diputado federal, solicitó su jubilación por 142 mil 519 pesos mensuales, que fue lo que percibió como mandatario, aunque la suma neta sería de 89 mil 367 pesos mensuales ya sin impuestos. Al igual que Aysa, varios funcionarios salientes de su gobierno solicitaron esta prestación por sus años de “servicio” en la administración pública estatal. Y luego se preguntan por qué pierden las elecciones.
