Minutos de silencio
Tienen que venir al país líderes de otras naciones para que quienes deben prevenir la violencia, sientan vergüenza y se pongan a hacer su trabajo.
La problemática que vive nuestro país en materia de crímenes en contra de los integrantes de nuestra agraviada sociedad, sean periodistas, ingenieros o albañiles, padres o madres de familia, mujeres jóvenes, hijas o hijos de familia no es un tema que se arregle con minutos de silencio o con publicaciones de condolencias. Tienen que venir al país líderes de otras naciones que hacen referencia a ese grave problema que significa la violación a los derechos humanos para que quienes deben, primero, prevenir la violencia y después, cuando ocurren atentados contra la propia sociedad, investigar y dar con los culpables sientan vergüenza y se pongan a hacer el trabajo para el cual fueron contratados por los ciudadanos.
Tal es el caso de la reciente visita a México de la primera ministra de Alemania, Angela Merkel, reconocida mundialmente por su liderazgo en Occidente, quien en un acto celebrado en Palacio Nacional, frente al presidente Enrique Peña Nieto, hizo un llamado a que se esclarezcan los recientes homicidios contra periodistas en nuestro país y demandó que se den avances en materia de derechos humanos. La canciller alemana insistió en que la libertad de expresión debe ser respetada para tener una prensa independiente. Y para rematar, consideró de “importancia vital” que se castigue a los responsables de las desapariciones en México, que se cuentan por decenas de miles.
Solamente las cifras oficiales, que se nutren de información del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, revelan que actualmente hay en el país más de 30 mil personas en esas circunstancias.
Y es que el gran problema detrás de este fenómeno, que ya rebasa a las autoridades, es de vieja data. Por lo menos, desde hace dos décadas la “artritis” institucional comenzó a paralizar a las dependencias encargadas de procurar justicia al grado de que funcionarios estatales y algunos federales se han dedicado a “proteger” a los delincuentes desde los puestos de gobierno que fueron ocupando paulatinamente, hasta llegar al nivel en que hoy nos encontramos.
El dilema está en saber si hoy por hoy contamos por ahí con algún “estadista” que quiera lanzarse a la candidatura presidencial para las elecciones del año próximo y que se gane la simpatía popular para obtener el triunfo, porque de “charlatanes” de la política ya estamos hasta el cansancio. Por lo menos, así lo evidenciaron los pasados comicios del 4 de junio en varios estados; más de lo mismo.
Pareciera que no existe en el firmamento de la política nacional alguien dispuesto a romper el statu quo que muchos ya no desean y que cada vez se evidencia más conforme nos vamos habituando a procesos electorales donde todos los candidatos, la noche de la elección, se declaran triunfadores sin más pruebas que su afán por seguir lucrando con la actividad política.
Mal augurio para el futuro inmediato el que hoy volvamos a revivir los viejos vicios del obsoleto sistema político que hacía del elector “carne de cañón”, de los candidatos que se acostumbraron a sacar ventaja de la pobreza del pueblo para “venderle” muy cara su victoria. Y lo peor, la pasmosidad de algunos órganos electorales que, en lugar de velar por el interés del elector, se han vuelto cómplices de una clase política que se niega a dejar atrás las viejas prácticas del pasado.
