Mundial 2026: los que no salen en la foto

El año pasado, 278 menores fueron víctimas de trata

Mientras México invierte miles de millones en remodelar aeropuertos, ampliar líneas del metro y restaurar estadios para el Mundial 2026, la infraestructura que debería proteger a niñas, niños y adolescentes de la explotación sexual permanece deliberadamente colapsada. Se trata de una decisión política que demanda atención por su visibilidad y que, al mantenerse en la oscuridad, se delega.

En 2025, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, 278 menores fueron identificadas como víctimas de trata en México. Estas cifras reflejan apenas los casos que lograron atravesar el filtro de la denuncia, la investigación y el registro oficial. La magnitud real permanece, como casi todo en esta materia, invisible.

México ha sido señalado reiteradamente por legisladores, organizaciones civiles y agencias internacionales como uno de los principales destinos de turismo sexual infantil a nivel global. Especialmente, zonas con alta infraestructura turística aparecen identificadas como focos de riesgo. Donde hay inversión en hoteles, transporte y promoción internacional, también se construyen las condiciones para mercados clandestinos que operan con impunidad.

Los megaeventos deportivos anteriores ofrecen algunas lecciones. Brasil tuvo que lanzar campañas masivas de prevención antes del Mundial 2014, mientras organizaciones como ECPAT y Childhood Brasil documentaban los riesgos de concentrar millones de turistas y recursos económicos sin protocolos robustos. La pregunta es qué pasará en un país que ya enfrenta niveles críticos de explotación cuando reciba millones de visitantes por un mes.

Si bien se han anunciado algunas medidas: en junio del año pasado se reformó la Ley General de Turismo para verificar el parentesco de adultos que se hospedan con menores; la Ciudad de México presentó la “Tarjeta Azul” para que menores en riesgo alerten al personal de hoteles; Jalisco lanzó en diciembre de 2025 un Protocolo de Salvaguarda, la escala del problema exige mucho más. Como señaló Tania Ramírez, directora de la Red por los Derechos de la Infancia en México, “se nota mucho lo que se está invirtiendo en infraestructura, en estadios y aeropuertos, pero necesitamos que haya la misma inversión para la prevención con la niñez”. Human Rights Watch documentó, además, que la FIFA carece de un marco integral de salvaguarda para la infancia específico para 2026.

Esta asimetría revela cómo opera el poder. Lo que aparece en el espacio público recibe inversión, porque produce visibilidad internacional. Lo que ocurre en habitaciones de hotel, en vehículos de transporte turístico, en zonas de tolerancia disfrazadas de entretenimiento, puede seguir ocurriendo porque permanece fuera de la fotografía oficial; la violencia contra la infancia no daña la imagen del país en la medida en que no sea visible.

Más aún, se construye como externalidad. El Mundial producirá ganancias para la industria turística, hotelera, de transporte y entretenimiento. Generará empleos temporales, dejará divisas, posicionará a México como destino. Pero el costo no lo asumen quienes lucran. Lo asumen las víctimas, sus familias y eventualmente un sistema de salud y justicia que ya está colapsado.

México puede movilizar recursos, voluntad política y eficiencia administrativa cuando se trata de imagen internacional. Puede construir estadios en meses, remodelar aeropuertos, coordinar operativos de seguridad para turistas. Lo que falta es construir la infraestructura institucional que haría inviable el mercado de explotación sexual infantil. Un sistema de justicia que realmente persiga y sancione. Capacitación masiva y obligatoria para personal turístico con consecuencias reales por omisión. Protocolos vinculantes con dientes legales. Inversión en detección y protección proporcional a la magnitud del riesgo.

Falta ver si México entiende que la infancia no puede seguir siendo una externalidad normalizada del turismo. Si va a invertir con la misma seriedad en prevención, inspección, justicia y protección, que en concreto, acero y pantallas. Porque si el Mundial se celebra sin esa inversión, entonces alguien está pagando la fiesta. Y casi nunca aparece en la foto.

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