El voto por la certidumbre

Japón está mostrando que el verdadero liderazgo no consiste en reaccionar a las crisis, sino en prepararse para evitarlas.

El mundo está cambiando, y las sociedades también. Las recientes definiciones políticas en Japón, con el fortalecimiento del liderazgo de Sanae Takaichi dentro del Partido Liberal Democrático de Japón, confirman una tendencia global que va mucho más allá de un resultado electoral: las personas están votando por estabilidad, seguridad y confianza.

Durante décadas, Japón fue sinónimo de equilibrio. Un país enfocado en el crecimiento económico, la innovación tecnológica y una política de bajo perfil en materia de seguridad. Ese modelo funcionó en un entorno internacional relativamente predecible. Pero hoy, el contexto es distinto. Las tensiones geopolíticas en Asia, la competencia económica global, las disrupciones en las cadenas de suministro y los riesgos tecnológicos han transformado el escenario.

Frente a este nuevo entorno, la sociedad japonesa está enviando un mensaje claro: la estabilidad ya no puede darse por garantizada. Debe construirse con anticipación, decisión y visión estratégica.

Lo que ocurre en Japón no es un caso aislado. Es parte de un fenómeno que se observa en múltiples regiones del mundo. Las sociedades están cambiando sus prioridades. El crecimiento económico por sí solo ya no es suficiente. Hoy se valora la capacidad de los gobiernos y de las instituciones para proteger, prevenir y responder.

Las nuevas demandas ciudadanas son claras: seguridad pública y tranquilidad en la vida cotidiana, salud accesible, preventiva y de calidad, generación y prosperidad del empleo. En otras palabras, el mundo está pasando de la lógica del crecimiento a la lógica de la resiliencia.

Este cambio tiene implicaciones profundas. La competencia entre países ya no se mide sólo por el tamaño de su economía, sino por su capacidad para anticipar riesgos, fortalecer sus instituciones y generar confianza social.

Japón ha entendido que la seguridad económica es tan importante como la estabilidad social. Por eso está fortaleciendo sectores estratégicos como los semiconductores, la innovación tecnológica y la protección de sus cadenas de suministro. También está reforzando sus alianzas internacionales para enfrentar un entorno cada vez más competitivo.

Esta misma lógica está transformando las decisiones en América del Norte y en otras regiones. El nearshoring, la relocalización de industrias, la protección de tecnologías críticas y la cooperación entre aliados ya no son tendencias temporales. Son parte de una nueva arquitectura económica y social.

Pero más allá de la geopolítica, hay una lección que destaca por encima de todas. En tiempos de incertidumbre, la confianza se convierte en el principal activo de una sociedad.

Las personas ya no buscan discursos ideológicos ni promesas abstractas. Buscan resultados. Buscan instituciones que funcionen. Buscan seguridad en su entorno y servicios de salud que respondan con eficacia y oportunidad.

La estabilidad, en el mundo actual, no significa inmovilidad. Significa capacidad de adaptación. Significa preparación. Significa tomar decisiones a tiempo.

Los países que logren construir confianza entre gobierno, sector privado y sociedad serán los que mejor enfrenten la próxima década. Los que no lo hagan enfrentarán no sólo riesgos económicos o políticos, sino algo más profundo: la pérdida de legitimidad.

Japón está mostrando que el verdadero liderazgo no consiste en reaccionar a las crisis, sino en prepararse para evitarlas. Ésa es la gran lección del momento global. El futuro no pertenece a los más grandes ni a los más ricos. Pertenece a los más confiables.

Porque al final, las sociedades no votan sólo por políticas. Votan por certidumbre, estabilidad y por confianza. Y construir confianza exige responsabilidad, visión y acción permanente. Hacer el bien, haciéndolo bien.

 

*X: @LuisWertman

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