Las relaciones diplomáticas y económicas de México con el mundo evolucionan vertiginosamente y, en ocasiones, entran en crisis o superan escollos de manera inesperada. En buena medida, estas tensiones han estado marcadas por las iniciativas que emanan de la Casa Blanca y por las veleidades de su inquilino principal. Sin embargo, en América Latina y el Caribe tampoco “cantan mal las rancheras”, pues existen líderes que, tras enarbolar banderas revolucionarias, devinieron en dictadores.
México ha enfrentado históricamente una agenda compleja con Estados Unidos: soberanía y territorio en 1846, límites, agua, migración, sanidad, pesca, comercio y tráfico de personas, armas y estupefacientes. Quien alguna vez sentenció: “Pobre México, tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios”, no imaginó que el país —a pesar de los pesares— se convertiría en el principal proveedor de mercancías destinadas al consumo estadunidense, con un impacto favorable en el empleo de millones de mexicanos.
Tan sólo el año pasado, las exportaciones hacia Estados Unidos alcanzaron los 556 mil millones de dólares, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Vehículos, autopartes, máquinas de procesamiento de datos, petróleo y productos agrícolas encabezaron la lista, al representar 84% del total de las ventas nacionales. Resulta imposible seguir el consejo de “no poner todos los huevos en una sola canasta”. A este entrelazamiento comercial se suman las remesas enviadas por mexicanos en el exterior: según datos del Banco de México, estas transferencias cerraron el año pasado en 61 mil 791 millones de dólares.
En el centro y sur del continente, así como en el Caribe, la situación política y social se caracteriza por una combinación de avances y problemas estructurales que siguen condicionando el desarrollo regional. A pesar de su diversidad económica y política, muchas naciones comparten desafíos y legados comunes.
Los sistemas democráticos se han visto presionados por la desigualdad social y por crisis de representación en varios de estos países, además de cuestionamientos sobre la separación de poderes y una creciente percepción de corrupción e ineficacia gubernamental. Este escenario ha propiciado tanto el surgimiento de liderazgos con discursos reformistas y antisistema, como el fortalecimiento de corrientes conservadoras que prometen orden y estabilidad. La alternancia ideológica refleja el malestar social, pero también la dificultad para consolidar proyectos de largo plazo. En este péndulo —entre la falta de alternancia y el freno y arranque político— se inscriben Venezuela, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, Bolivia, Colombia, Ecuador, Uruguay, Perú, Argentina y Chile. Cuba —que vive tiempos difíciles— se cuece aparte.
UNA DE CAL POR OTRA DE ARENA
En el ámbito nacional, el abatimiento de Nemesio Oseguera, alias El Mencho, líder de la organización criminal más poderosa de México, representaría un logro significativo para la presidenta Claudia Sheinbaum, ya que desde hace muchos años no se registraba un éxito comparable. El operativo, ejecutado con determinación y sin excusas por el Ejército y las Fuerzas Armadas, sentaría las bases de una nueva fase en la materia y de cooperación con Estados Unidos, lo que fortalecería la posición de México en un momento clave marcado por la revisión del tratado comercial y un diluvio de aranceles.
En otro terreno, la presidenta Sheinbaum muestra su talante: cuando aún humean algunos vehículos vandalizados, ya está en otro tema y fija su postura. Como persisten las reticencias, la mandataria no presentó ayer —como había anunciado— su propuesta de reforma electoral para recortar presupuestos y hacer ajustes en las listas plurinominales, entre otros puntos. La iniciativa aún no ha logrado el consenso de los partidos aliados, que optaron por no respaldarla —por ahora— para evitar un costo político, como ocurrió cuando se intentó frenar el nepotismo y la reelección, medidas que finalmente posfecharon. Es posible que hoy veamos humo blanco.
EN CHIAPAS, NUEVOS CANALES PARA ACERCAR EL GOBIERNO A LAS JUVENTUDES
Aunque la acción política en territorio es fundamental, resulta indispensable apoyarse en medios de comunicación que amplifiquen la información. Un estudio del Instituto Nacional Electoral evidenció la falta de propuestas dirigidas a jóvenes, quienes representan 2 % de la población del país. El problema de fondo no es sólo la ausencia de iniciativas, sino la dificultad de la clase política para comunicarse con este sector, lo que termina por invisibilizarlo.
Ante este panorama, el gobernador Eduardo Ramírez lanzó el programa Platicando con el Jaguar, una iniciativa que apuesta por el diálogo directo, sin tecnicismos ni formalismos. A través de conversaciones abiertas y cercanas con integrantes de su gabinete, se presentan avances, retos y acciones de gobierno en un formato fresco y accesible que incluye bromas y música.
Este ejercicio no sólo busca informar, sino también humanizar el servicio público y fortalecer la rendición de cuentas, con el objetivo de despertar el interés y la participación de jóvenes y adolescentes que suelen percibir la política como algo distante o exclusivo de quienes ejercen el gobierno.
