La generación cerro (duranguense)
Hay consenso respecto a la importancia de ese movimiento en la historia de Durango. Cientos de estudiantes del Instituto Tecnológico de Durango, de otras escuelas y unos cuantos de la Universidad Juárez tomaron las instalaciones de la mina el 2 de junio. Hicieron estropicios en las oficinas, se apoderaron del Cerro de Mercado e impidieron la salida de mineral...
En mi colaboración de hoy voy a entregar una reseña que está en relación con el regreso a mi tierra natal. Pido disculpas por el tono personal. La razón: ayer por la mañana me encontré con antiguos camaradas y hablamos del movimiento estudiantil-popular de 1966 en Durango. Me pidieron que prepare una conferencia para un encuentro internacional con el fin de conmemorar los 60 años de que se inició.
Hay consenso respecto a la importancia de ese movimiento en la historia de Durango. Cientos de estudiantes del Instituto Tecnológico de Durango, de otras escuelas y unos cuantos de la Universidad Juárez del estado de Durango tomaron las instalaciones de la mina el 2 de junio. Hicieron estropicios en las oficinas, se apoderaron del Cerro de Mercado e impidieron la salida de mineral para la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey. La consigna: industrialización para Durango.
Fue un movimiento a tono con la década de los años 60, pero, al mismo tiempo, fue diferente. En México, tal vez sea el único que no sufrió represiones sangrientas por la protección que tuvieron los estudiantes por parte de padres de familia, obreros, maestros, comerciantes, industriales (que fundaron un comité de abastos) y hasta el apoyo discreto de muchos miembros del clero católico. Provocó movilizaciones impresionantes; hubo marchas de más de 20 mil personas que llegaron de muchas poblaciones. En aquel entonces la ciudad tenía menos de 70 mil habitantes.
Los estudiantes de la universidad participamos de inmediato; muchos nos convertimos en agitadores improvisados. La tarde del 2 de junio entramos a las salas de cine, interrumpimos las funciones y anunciamos la toma de ese día por la mañana. Los invitamos a un mitin en la Plaza de Armas. Fue el primero de casi 60. Los oradores arengaban a la masa desde una terraza de la Farmacia Benavides, frente a la Catedral. Instalamos bocinas y cada tarde-noche se reunían miles de personas a aplaudir a los líderes.
El movimiento, que fue el consenso de los camaradas que charlamos ayer, puso a Durango en el mapa de México, llamó la atención del gobierno federal, que lo tenía en el abandono, y marcó una época con repercusiones importantes. Uno de los compañeros, mucho más joven que los que participamos en 1966, dijo que, para los festejos del próximo mayo, habrá que ponerle el nombre a la generación de estudiantes valerosos; propuso la generación del 66 o la cero, “mejor cerro”, expresé, queriendo hacer una broma, pero cuajó en el ambiente.
En el movimiento, liderado por estudiantes, no todo fue dulzura y consenso. Hubo debates, desacuerdos, luchas por el liderazgo y pugnas facciosas, entre algunos que participaban en la política estudiantil de antemano. Hubo grupos de “vándalos”, que después les llamaron “acelerados”, que querían radicalizar la lucha y no se conformaron con las propuestas del gobierno federal para acabar con la movilización.
Un lance de los vándalos, que casi no aparece en la literatura sobre ese movimiento, fue el asalto a El Sol de Durango. El diario no publicó nada sobre la toma del cerro ni del primer mitin. En el segundo mitin, los oradores denunciaron al periódico y, a la mañana siguiente, unos 50 vándalos bajamos del cerro con piedras de fierro. Los destrozos al edificio fueron mayúsculos.
La toma del cerro fue el 2 de junio, pero el seminario se realizará del 6 al 8 de mayo para concluir con un recuerdo de los 14 estudiantes que el 9 de mayo por la noche ascendieron a la mina por la parte de atrás para comenzar el movimiento. Instalaron banderas y pasaron la noche a la intemperie. Nueve de ellos bajaron en la madrugada. Se trataba de hacer propaganda para “concientizar” a la ciudadanía y comenzar un lance “puro y limpio pro-industrialización de Durango”. Los cinco restantes fueron desalojados por integrantes del Ejército y trasladados a la X Zona Militar. No pasó a mayores; el comandante de la Zona los regañó. Quizá pensó que allí acababa el asunto. Fue sólo el comienzo.
La nota egocéntrica. Me invitan a impartir la conferencia porque fui uno de los 14 y también de los cinco que el 10 de mayo querían ofrecer un regalo magnífico a las “madrecitas de Durango”.
