Lecciones aprendidas en pandemia
Puede ser que sean tantas como cambios hayamos sufrido en nuestra vida diaria y en nuestras costumbres antes de la pandemia, lo que es cierto es que hay lecciones para todos y podemos aprender de ellas. Identifico cinco básicas que han modificado nuestra antigua ...
Puede ser que sean tantas como cambios hayamos sufrido en nuestra vida diaria y en nuestras costumbres antes de la pandemia, lo que es cierto es que hay lecciones para todos y podemos aprender de ellas.
Identifico cinco básicas que han modificado nuestra antigua normalidad y hoy nos anticipan una nueva realidad a la que deberemos adaptarnos rápido y con la conciencia de construir una sola sociedad y un sentido de ciudadanía más solidario.
La primera lección es que la incertidumbre es parte de nuestra existencia, por lo que prevenir y prever son dos hábitos que deben estar presentes en todas nuestras acciones. Prevenir porque es la mejor seguridad, personal y comunal, y prever para que los cambios no nos afecten más de lo necesario. Así que cualquier medida de prevención y/o de previsión será la diferencia entre sufrir pérdidas innecesarias o encontrarnos en escenarios desfavorables.
La segunda es el cuidado de nuestros recursos, todos. Desde los que forman parte de nuestro medio ambiente (agua, aire, tierra), hasta los económicos familiares que nos permiten planear a mediano y largo plazo. El ahorro es un comportamiento que debemos incorporar cada vez que estemos en posibilidades de apartar alguna fracción, por mínima que sea, del ingreso y tenerla disponible para hacer frente a esas eventualidades que entran en el punto anterior. Pero reservar dinero no es suficiente, tenemos que pensar también en el cuidado (no el ahorro) de los recursos naturales que nos permiten vivir en este planeta. Ya vimos que el mundo se puede alterar por completo cuando olvidamos que hay muchos más organismos que nosotros y que depende de nuestra convivencia conservar el único sitio habitable que conocemos hasta la fecha.
Una tercera enseñanza es lo relevante que se vuelve la buena salud mental y física. Estamos por ver cuál ha sido el impacto que esta pandemia tendrá en nuestras emociones, aunque desde ahora anticipo que será de consideración. Son meses, prácticamente los dos últimos años (porque seguiremos cuidándonos, por muy pronto, hasta finales de éste) en los que el confinamiento, la sana distancia, el contagio de la enfermedad, alteraron nuestras rutinas y nos volvieron una mezcla entre ermitaños y trabajadores de pantalla que, de pronto, se dieron cuenta que se necesita espacio, convivencia y mucha fuerza mental y moral para atravesar por una crisis sanitaria de estas dimensiones.
La cuarta moraleja es que ningún espacio es tan pequeño como para no aprovecharse, ni tan privado como para no abrirlo a otros. Parques, áreas verdes, andadores, jardines, pueden transformarse en lugares de tejido social, oficina temporal y sitio de encuentro para organizarnos mejor como vecinos. Nuestra idea de que hay espacios ociosos y productivos ya no es la misma, y eso es una buena noticia. Pasamos demasiado tiempo dentro de edificios y nos apropiamos poco de calles y espacios públicos, que son una extensión de nuestro hogar y de nuestro carácter civil, para interactuar con esas mismas personas que viven pared con pared de nosotros y a quienes difícilmente conocíamos.
En quinto sitio está hacer un uso eficiente del tiempo que tenemos disponible. Si en cualquier momento nuestro entorno puede cambiar de manera radical, aprovechar para establecer un equilibrio entre el descanso, el aprendizaje, el contacto humano y las obligaciones que nos trae la vida, es imperativo. Nunca, como ahora, el tiempo se ha hecho un recurso evidente y valioso. Sólo pensemos en las familias y en miles de personas que no podrán pasar tiempo con seres queridos que, tristemente, perdieron la vida durante esta emergencia. Cambiar costumbres, dietas, malos hábitos, que nos hacen propensos a los daños que ocasiona un nuevo virus como éste, es invertir en años de vida y en los cientos de momentos que podemos pasar de manera corresponsable con nuestros seres queridos y con quienes hacemos comunidad para que, de forma constante, avancemos a una mejor calidad de vida; ésa que nos ayudará a enfrentar los desafíos que muy probablemente vienen adelante.
