Estados Unidos presiona; Cuba resiste

Hace 10 años, en 2016, Raúl y Alejandro Castro llegaron, discretamente, a un buen acuerdo con el presidente Obama. En esencia el acuerdo consistía en seguir el “modelo vietnamita”, pero ahora en Cuba. Consistía en una economía de mercado con la continuidad del sistema político de partido único: el comunista. El liderazgo del partido comunista de Vietnam avaló ese acuerdo entre Estados Unidos y Cuba. Incluso, propuso que Cuba entrara al Acuerdo Transpacífico que había impulsado Obama y del cual Vietnam formaba parte. Fidel rechazó el acuerdo, afirmando que Cuba “no necesitaba la ayuda de nadie”. Claro, la afirmación de Fidel era una mentira: Cuba revolucionaria siempre ha dependido de potencias extranjeras para sobrevivir. Primero Cuba vivió del dinero, el apoyo técnico y militar de la URSS, de 1960 a 1991 (31 años). Después de los momentos más difíciles del Periodo Especial, Cuba recibió dinero y el petróleo de Venezuela, de 1999 hasta 2026 (27 años).

Cuba siempre ha dependido del patronazgo del exterior, del tipo que sea, pues también vivió largos siglos como colonia de España y después como constitucional protectorado de EU. Podría decirse que el único periodo de “absoluta libertad” ha sido desde la caída de Maduro y hasta el día de hoy: pocos meses. Hoy nadie ejerce el padrinazgo sobre Cuba. Y la razón está a la vista: es un país insolvente e incapaz de la autosustentabilidad que Fidel había pregonado. Cuba vive al borde del colapso. Independientemente del bloqueo de energéticos en este momento por EU. El problema económico de Cuba es ancestral. Cuando había recursos, nunca mejoraron el sistema de electricidad de la isla, y mucho menos crearon industrias y capacidades económicas propias.

El liderazgo cubano tiene la mentalidad y la visión de mundo parecida a la de los líderes de Corea del Norte, no tanto a la de los rusos, chinos o vietnamitas. Es aislacionista por naturaleza (¿será porque Cuba es una isla?), infundada en una aureola de suficiencia y arrogancia de quien no desea discutir con nadie ni acepta los argumentos de otros y, sin embargo, se la pasa imaginando cómo es el mundo desde la barrera del malecón habanero. Hoy enfrenta algo más violento y amenazante que Obama. Trump es irascible y demandante, pero ha demostrado los límites de su capacidad, paciencia y determinación. Es posible medir las posibles acciones futuras de Trump. Por ejemplo, definitivamente no va a invadir la isla con tropas estadunidenses, porque tiene su guerra en Irán. Los dirigentes cubanos saben esto, y promueven propagandísticamente la idea de que “sí viene la invasión” para luego poder demostrar la fuerza intimidatoria de la Revolución, pues efectivamente el yanqui no se atrevió a invadir la isla. 

La resistencia cubana proviene de la percepción de que Trump no tiene la fuerza para imponer un gobierno de su gusto en Cuba. Lo que sí tiene Trump es la fuerza para exigir algunas concesiones, siendo la renuncia del presidente Díaz-Canel una de ellas, como condición para levantar el embargo petrolero. La diáspora cubana en Miami es otro problema para Trump y Rubio, no para los líderes cubanos. Es la expresión social radical que exige una reforma política a fondo en Cuba antes que aceptar invertir en la isla. Cualquier acuerdo menor será en detrimento de su apoyo electoral a Trump y Rubio en las elecciones de noviembre.

La revista británica The Economist planteó que Trump debería aceptar lo que llama “un acuerdo sucio” con Cuba, con el propósito de evitar una crisis humanitaria a 90 millas de su costa. Este acuerdo consiste en aceptar la continuidad del gobierno de los Castro en Cuba, a cambio de la apertura económica. Dicho sea de paso, es lo que aceptó Raúl Castro con el presidente Obama hace exactamente 10 años. Y que fue rechazado por Fidel y una mayoría del Partido Comunista de Cuba.

Mientras Trump presiona a Cuba para lograr concesiones, Cuba se resiste, sabiendo que algo tendrá que ceder. Mientras tanto, el reloj avanza y el sufrimiento del pueblo cubano crece. Queda poco tiempo para la toma responsable de decisiones.