Relaciones convulsas

Los asuntos políticos de los países eran temas internos, pero hay una tendencia a externalizarlos.

Dentro de los temas que están fuera del control de los políticos están, quizá, las más contundentes de las circunstancias para un país: la geografía y la historia. Ninguna de dichas circunstancias puede ser cambiada para influir las idiosincrasias y cultura de los pueblos, que son definidas por estos dos conceptos. Pero la historia puede cambiarse hacia el futuro, la geografía difícilmente.

La geografía tiene dos lados, el primero es que los vecinos pueden ser amigos o enemigos. Todos los países del mundo tienen una rivalidad importante con sus vecinos; de las rivalidades sanas o las rivalidades enfermizas.

Los mejores ejemplos los encontramos en Europa, donde la historia es profunda y la concentración de diferentes culturas en un espacio pequeño la han hecho escenario del mayor porcentaje de guerras en la humanidad. Virtualmente, no ha habido momentos (salvo pequeñas pausas en proporción a la historia) donde el continente europeo no tenga una guerra en su territorio.

Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, los estrategas estadunidenses que estaban hartos del desgaste que les provocaba desembarcar en Europa para salvar a sus aliados europeos diseñaron distintas instituciones internacionales para tratar de manejar los problemas de Europa. Así surgió la OTAN, la ONU y la Unión Europea. La OTAN controla el desarrollo militar; la ONU, las relaciones internacionales y la legitimidad de actos de guerra, y la Unión Europea (en su origen Tratado de Roma) organizó el comercio en la región.

Hasta ahora, todo ha servido bien, pero, como todas las instituciones, empiezan a dejar de funcionar por el desgaste y porque el mundo ha tendido a ser más extremoso en cuestiones políticas. Como lo hemos comentado en este espacio, durante décadas, la política encontraba en el centro su mejor espacio electoral. La democracia cristiana y la democracia social tenían más coincidencias que diferencias y eso ayudó a la estabilidad mundial. Ahora, las posturas políticas se han ido a los extremos, al punto de que los conflictos internos dentro de los países, así como las divisiones entre sus ciudadanos, se han multiplicado en casi todos los países.

Lo que no había pasado es que la política interna provocara división y rivalidades internacionales surgidas no de conflictos de intereses, sino de la identidad política.

La semana pasada, el presidente Milei fue a Madrid a participar en un evento de VOX (la prensa lo trata como un evento de las extremas derechas, pero no estoy muy seguro). Desde que Milei anunció que iría dijo que no vería a Pedro Sánchez, que está en sus antípodas políticas y de carácter. El gobierno español respondió con algunas acusaciones fuera de lugar que provocaron el enojo de Milei. Entre lo que se dijo es que el el mandatario argentino era un drogadicto.

Milei respondió haciendo alusión a un escándalo de corrupción, donde la esposa de Sánchez parece estar involucrada, durante su participación en el evento de VOX. Lo anterior ha terminado con el retiro de la embajadora de España en Argentina. Le pido, querido lector, hacer una pausa y calibrar lo que aquí describo. Argentina, un país hispano con profundos vínculos con España, no tiene representación diplomática española por un conflicto político entre dos personas. México, por razones políticas también, ha enfriado sus relaciones diplomáticas con España.

Lo mismo ha pasado entre México y Perú; no hay relaciones diplomáticas después del cambio forzado de gobierno en el que Pedro Castillo se dio un golpe de Estado y México no reconoce a la presidente Dina Boluarte, por no ser afín al perfil político de Morena.

Los asuntos políticos de los países eran temas internos, pero hay una tendencia a externalizarlos. Esto puede ser peligroso para los intereses de los países porque las relaciones externas deben regirse por intereses comunes y no ideologías políticas; no queremos bloques otra vez.

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