Reflexiones 2025

Empezamos un año nuevo con gobierno nuevo. Pero parece que este gobierno nuevo, como el anterior, dedica más tiempo a contar una historia para tratar de controlar la percepción y la narrativa diaria que en ser un gobierno más eficiente. El problema es ése, la ...

Empezamos un año nuevo con gobierno nuevo. Pero parece que este gobierno nuevo, como el anterior, dedica más tiempo a contar una historia para tratar de controlar la percepción y la narrativa diaria que en ser un gobierno más eficiente. El problema es ése, la eficiencia no es un objetivo de Morena, de hecho, es lo contrario, es ser el control de toda actividad privada y pública del país a costa de lo que sea; como lo ha sido desde 2018.

Me llama mucho la atención que, en el mundo entero, particularmente en Occidente, las autollamadas izquierdas se han convertido en entes de control y autocracia que, en los años treinta del siglo pasado hubieran sido parte clara de la doctrina fascista. Hoy los militantes de la izquierda son los que piden al resto el sometimiento absoluto a lo que diga el Estado, al control militar, a el menor gasto en educación y salud y, peor aún, al límite de los derechos humanos e individuales. En México se valora tener un gobierno grande e ineficiente que no gaste en lo que se tiene que gastar a cambio de recibir ayudas en efectivo que son insostenibles, ya nos veremos en el espejo venezolano.

No cabe duda de que los valores se han movido y quienes se decían antifascistas son los verdaderos fascistas del siglo XXI. Tienen una gran capacidad de contar una historia que hoy les funciona, pero la falta de resultados eventualmente romperá el hechizo, esperemos que no sea demasiado tarde. Ya ven ustedes que Cuba sigue contando el bulo del embargo y que ésa es la razón de su fracaso económico y no la imposición de un comunismo de libro que ya probó múltiples veces su ineficacia. Espero, con algo de inocencia, que la gente se dé cuenta del problema en el que estamos metidos.

Espero que la gente se dé cuenta que el gobierno no es la autoridad del país, que en realidad es un grupo de instituciones que tienen como función brindar seguridad, salud y educación a la población del país. Que se dé cuenta que no hay dinero público, sino dinero pagado por la gente vía impuestos y que no hay incentivos para que los políticos lo gasten de manera eficiente si no existen contrapesos. Que la gente se dé cuenta que los proyectos gubernamentales deben tener como objetivo el bien común y no los caprichos o los elefantes blancos creados sin estudio de factibilidad o lógica económica. Quiero recordar a los lectores, que estamos pagando gasto financiero (intereses) para no tener un aeropuerto que iba construido a la mitad y que, además, pagamos otro con su sobrecosto respectivo y que no se usa porque nadie pensó en la factibilidad del proyecto. ¿Cuántos hospitales se pudieron hacer con el sobrecosto de ambas decisiones? Esto es lo que debería pensar la gente.

La desintegración de los órganos autónomos es grave porque desaparecen los contrapesos que, vía la ley, obligan al gobierno a llevar a cabo conductas como el trasparentar la información pública. El gobierno, en su narrativa, dice que seguirá siendo trasparente, pero ya empezaron a negarse a proporcionar información apenas a semanas del cambio constitucional. Insisto, la narrativa todavía opaca la realidad, pero espero que no sea por mucho tiempo.

México y, mejor dicho, los mexicanos debemos empezar a llamar las cosas por su nombre y no creer en las narrativas. El mejor ejemplo de ello es el paupérrimo crecimiento económico durante el sexenio pasado. El porcentaje del crecimiento del Producto Interno Bruto es la medición aceptada universalmente para ver el desempeño de una economía, pero como aquí no convino ese porcentaje, el gobierno decidió cambiar la narrativa e introducir dos conceptos en la historia que quieren contar: “humanismo mexicano” y “economía moral”. ¿Estos conceptos se traducen en mayor riqueza para los mexicanos? No.

Será un año muy movido porque nuestra agenda norteamericana, que debería ser nuestra prioridad estratégica, empezará a cambiar radicalmente a partir de la toma de protesta del presidente Trump y su radicalidad en ciertos temas avivará la narrativa de un sector de Morena que piensa que es mejor ser pobre y soberano que integrado a los intereses de Estados Unidos, sin entender que más de medio país vive del comercio con Estados Unidos.

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