La tiranía
Para ser breves con la columna, la tiraníaes el gobierno que ejerce una sola personasin contrapesos y sin sujetarse a la ley.
Para mi Álvaro, que sigas
siendo imparable.
En estos tiempos convulsos políticamente es importante leer el libro de Timothy Snyder (profesor de historia de la Universidad de Yale) titulado Sobre la tiranía. En nuestra sociedad somos insensibles en cuanto a lo cerca que nuestras sociedades están de la tiranía y eso es muy grave. Incluso la gente lo percibe como un término aplicable a otras épocas, como si estuviésemos exentos o vacunados contra ella.
¿Qué debemos entender como tiranía? Para ser breves con la columna, la tiranía es el gobierno que ejerce una sola persona sin contrapesos y sin sujetarse a la ley. La democracia es el invento humano que pretende la defensa de la tiranía con base en la ley y estableciendo un órgano legal supremo, la constitución, como el instrumento que asigna facultades a los distintos poderes del Estado. Los poderes son tres para no cargar de poder a uno solo; de ahí que la división de poderes sea requisito fundamental de la democracia liberal.
La democracia no es nueva, aunque sí ha evolucionado a su mejor, aunque siempre perfectible estado. Pero las democracias en sus distintas etapas han estado bajo ataque de la tiranía, porque en momentos de la historia la gente cree que la tiranía puede sacarla de sus problemas y se entrega a ella inocentemente sin darse cuenta de los riesgos que la misma tiene. La tiranía siempre tiene costo y ese costo es la libertad y el derecho del individuo.
Volviendo a la historia, la democracia (en sus versiones históricas) y la tiranía han sido sistemas de aplicación histórica desde hace tres mil años. Atenas cedía el poder al tirano cuando había guerra y Roma perdió su república ante Julio César dando paso al Imperio Romano. La revolución francesa fue la reacción social ante la tiranía y la creación de la República más sólida de Europa creando contrapesos legales que fueron retados por Napoleón. La independencia de Estados Unidos y la Revolución Francesa son dos íconos sistémicos de la consolidación de la democracia liberal, estableciendo constitucionalmente la división de poderes y la legalidad como los instrumentos fundamentales de la convivencia y el orden.
Los padres fundadores de Estados Unidos merecen más reconocimiento global ante la invención de un sistema que ya aguantó la intención del establecimiento de una tiranía y en noviembre podemos volverlo a ver.
El problema es que el tirano juega con las reglas de la democracia para destrozarla y, esto, en combinación con la ignorancia, apatía y conformismo de un pueblo puede ser mortal. Venezuela es el ícono de lo que pasa en una tiranía, es un proceso escogido que va minando libertades y derechos en cámara lenta para que la gente no sienta cómo se va deslizando su nivel de vida hasta el fondo, donde no podrá oponerse a nada si quiere comer. Por eso las clases medias son el enemigo natural del tirano.
Traigo esta reflexión en este momento porque nuestro país está en una encrucijada. El sistema constitucional ha aguantado, particularmente gracias a los órganos autónomos y al Poder Judicial, pero lo que pasó esta semana no se ha valorado como se debe. La aprobación expedita (sin procesos legislativos deliberativos) de (i) la Ley de Amparo, quitando la suspensión del acto de autoridad como facultad de los jueces que conocen del amparo, (ii) la Ley de Amnistía, que le da facultades al presidente de la República de rey francés del siglo XVI, y (iii) la ley de pensiones, que confisca (roba) el dinero generado por individuos para el uso del siempre etéreo y nebuloso concepto del “interés público”, son pasos graves hacia la tiranía; no hay más.
El hecho de que los candidatos de Morena apoyen estas medidas hacen muy evidente las opciones que tendremos el 2 de junio, tiranía voluntaria o democracia liberal, no puede ser más claro.
El fenómeno no sólo es mexicano, la democracia liberal se encuentra bajo ataque de la tiranía en muchos sitios y en otros como Rusia, Turquía, Hungría ya ha triunfado. Ceder libertades y derechos individuales ha sido históricamente fácil, recuperarlos cuesta sangre, literalmente; votemos para no perderlos.
