Para mi tío Rolando, con agradecimiento y cariño.
Primero que nada, nadie puede sentir otra cosa que alegría cuando hay noticias como la disminución de la pobreza en México. Es una buena noticia por donde se vea, en términos de lo que se ve y es, en la fotografía de hoy; el reto está, como en todo, en mantenerse.
Para ello creo que es fundamental, después de alegrarse, revisar con cuidado los datos y observar, porque el anuncio ha tenido una cobertura mayor a lo que se había visto anteriormente (durante los gobiernos neoliberales hubo mucha gente que salió del umbral de la pobreza, pero no tuvo tanto eco). Al respecto, me parece sospechoso el impacto mediático del anuncio, como si nunca hubiera habido un decrecimiento en la pobreza o buenas noticias económicas antes. Y ese “sospechosismo”, es culpa de haber desaparecido un órgano autónomo como el Coneval y haber centralizado sus funciones en el Inegi. Es el problema de haber quitado a estos órganos ya que siempre habrá sospecha de que cualquier decisión tiene una razón, interés o agenda.
La segunda cuestión es la razón principal por la que se sacó de la pobreza a más de 13 millones de personas, y es básicamente por el aumento en el ingreso de las familias en términos de circulante gracias a dos factores: el primero, las ayudas sociales del gobierno y, el segundo, los aumentos significativos del salario mínimo diario general que se dieron durante el sexenio pasado. Ambas están bien como concepto general, pero, como todo lo que tiene que ver con números, el diablo está en los detalles. Lo primero es aceptar la relevancia del flujo de efectivo en cualquier gobierno, persona, familia o empresa. Es lo que nos permite gastar o seguir gastando de una forma relevante. La lógica es, si tienes más dinero, consumes más, haces más rico a quien vende eso que consumiste, que, a su vez, hace más rico al que lo distribuyó, que, a su vez, hace más rico a quien lo produjo o importó y así sucesivamente. Y, además, todos ellos pagan más impuestos porque ganan y gastan más.
El problema del flujo de efectivo es siempre su sostenibilidad, ¿lo que sea que me pague o genere el flujo es perpetuo? Desafortunadamente, la respuesta es nunca, por lo que tenemos que pasar al siguiente piso del análisis que es preguntarse si estas buenas noticias son sostenibles. La respuesta, en mi opinión, es que no lo son a mediano plazo. La primera razón es que la economía mexicana no crece, es más, los datos relevantes al consumo están bajando consistentemente mes a mes. Desde el sexenio pasado el crecimiento económico está estancado. Para decirlo coloquialmente, el pastel es prácticamente del mismo tamaño y hay más bocas que alimentar. No se está generando el flujo suficiente para atender todos los costos fijos y para conservar las ayudas. Si usted gana menos y tiene que pagar colegiaturas o salir a restaurantes, tiene dos opciones: gastar menos en una de éstas o sacar la tarjeta de crédito.
Entonces, ¿cómo se ha incrementado ese flujo de efectivo a las personas? Por parte del gobierno, pues exactamente así: al gobierno le interesa que siga llegando el flujo a las personas, porque tienen un impacto electoral positivo, por lo que ha decidido gastar menos en lo demás: infraestructura, hospitales, medicinas, escuelas públicas, etcétera. Y, además, sacó la tarjeta de crédito incrementando la deuda pública como no se había visto en décadas. Esa deuda la pagarán más los mexicanos del futuro. Por lo tanto, todo indica que el mantenimiento de las ayudas sociales no es sostenible bajo las circunstancias actuales.
El segundo recurso, el incremento salarial, no sale directamente del gobierno, sino de las empresas. Estoy completamente de acuerdo que los trabajadores deben seguir teniendo salarios más altos, pero para ello las empresas no pueden ser las únicas responsables. El gobierno debe generar las condiciones para incrementar la competitividad para que éstas gasten más en salarios y menos en energía eléctrica, gas, impuestos, seguridad, etcétera. El salario es un factor de competencia vs. la competitividad.
La única manera de hacer sostenible el incremento del flujo de efectivo es con medidas de largo plazo, como lo son la educación y la inversión pública en infraestructura y energía, justo en lo que ya no invertimos. Todo lo demás es temporal.
