La importancia de lo elemental

Se castiga lo que se debería incentivar

En alguna ocasión escribí sobre la relevancia que tiene la teoría de los cristales rotos en la percepción de la ciudadanía mala y buena. Para dar un poco de contexto, haré un resumen de la misma. Los autores son los criminólogos James Q. Wilson y George L. Kelling del artículo titulado Broken Windows: The Police and Neighborhood Safety, publicado en la revista The Atlantic Monthly en marzo de 1982. Se basa en un estudio sobre experimentos hechos por Philip Zimbardo en 1969, donde se dejaba un coche abandonado en una calle en California. Mientras el coche se limpiaba y se veía cuidado, la gente que pasaba por ahí lo respetaba. La segunda etapa del experimento consistió en romper una de las ventanas del coche y dejar de limpiarlo, y en ese momento partes del coche fueron robadas y el coche vandalizado.

Cuando Rudolph Giuliani llegó al gobierno de Nueva York, empezó a aplicar la teoría. Durante los años ochenta, Nueva York era una ciudad ingobernable y llena de delincuencia. El gobierno empezó por algo que consideró elemental; los vagones del Metro estaban totalmente pintados con grafitis (algo que les gusta mucho a los progresistas, pero en general se ve horrible). Limpiaron los vagones e hicieron un esfuerzo para mantenerlos limpios teniendo brigadas de limpieza en la noche. Era un mensaje: nos importa la ciudad.

Lo digo porque esta semana le ha llovido, real y metafóricamente, mucho al gobierno de la Ciudad de México y no es para menos. El domingo, en el Maratón de la Ciudad de México, un maratonista en silla de ruedas cayó en uno de los cientos de miles de baches que hay en la ciudad, llevándose al segundo lugar al suelo. La explicación oficial es que no era un hoyo, sino un “registro mal tapado”, un eufemismo más con el que quieren controlar la narrativa. Pero quien circule más de dos manzanas en esta ciudad se da cuenta que está lleno de “registros mal tapados” por donde se vea. Esta semana a uno de mis hijos se le ponchó una llanta cuando cayó en un “registro mal tapado”.

El mensaje es peor, si en una ciudad no pueden controlar lo elemental, el mensaje a la ciudadanía es “no me importas”. Lo mismo con la proliferación del comercio ambulante que costó tanto controlar y que ahora invade impunemente parques y plazas de la relevancia de la Alameda Central. Se ve horrible y trae desorden.

Quienes reciben el mensaje de que un gobierno es incapaz de controlar lo esencial son buenos y malos. Y los malos entienden que el desorden es general y que crea situaciones propicias para delinquir. El jueves, un grupo armado asaltó un bar famoso en la Condesa disparando un tiro al aire. No es menor, la Condesa ha sido un éxito de los gobiernos progresistas hasta ahora. Por la calidad de vida que empieza por la seguridad, la Condesa ha sido destinos de extranjeros que están acostumbrados a vivir en entornos del primer mundo. El mensaje del gobierno de la Ciudad de México es, no nos importa lo elemental, no nos importas tú..

  • PLACAS

Cuando era muy joven, cuando se compraba un coche, tenías que esperar meses para que te dieran las placas. Mientras, te daban un permiso de circulación que te permitía usar el vehículo. Durante los gobiernos de los dos mil ese asunto desapareció como problema. Tú ibas a la agencia, comprabas el coche y salía con placas. Pero este gobierno de la ciudad también nos ha regresado a los años noventa, con la agravante de que los permisos tienen restricciones diarias para circular y no circulan dos días a la semana por la Programa de Verificación Vehicular (PVV).

Irónicamente, el PVV es para controlar las emisiones vehiculares. Pero al no haber placas (responsabilidad única y absoluta del gobierno de la CDMX), los coches nuevos –que, en general, contaminan menos y que, además, pueden ser híbridos o eléctricos– no pueden circular hasta que tengan placas o verificación. Es decir, se castiga lo que se debería incentivar. Todo normal.

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