La crisis española

A Sánchez le llaman Frankenstein, porque incluye a todas las facciones con representación en España.

Es momento de hacer una recapitulación de lo que ha estado pasando en España. Primero, porque no es ajeno a lo que nos pasa y segundo, es un reflejo de lo que pasa en México. Si bien, México es más estridente y burdo en su folclor, es igual a España, que es más elegante y sobrio. Sin embargo, invito al lector a que, mientras lee, cambie mentalmente los nombres y piense si esto no es fruto de un manual de la “izquierda”, entonces qué es.

Sánchez es un personaje fascinante, no por virtuoso, sino por maquiavélico. En un país donde el honor tenía todavía un lugar preponderante en la política hasta hace poco (en México desapareció hace muchísimo tiempo), la incursión de un político marrullero toma a todos por sorpresa. Sánchez llega a la Secretaría General del PSOE de casualidad, pero por sorpresa y sin contar con el apoyo completo de los barones del partido en 2014. La sorpresa genera un descontento interno que lo tira del puesto en 2016; pero en 2017, mostrando sus cualidades de supervivencia y perseverancia, gana las elecciones internas y toma la Secretaría General, con toda legitimidad esta vez. Como buen izquierdista actual, coloniza, poco a poco la estructura del PSOE echando a los liderazgos históricos.

En términos de la política nacional, en 2015 y 2016 fue candidato del PSOE a la presidencia española. Cabe recordar que el sistema español es parlamentario y Sánchez en la primera elección perdió en número frente a Rajoy, pero se opuso a facilitar la toma de investidura, forzando a una segunda ronda de elecciones en 2016, por primera vez en la democracia española. En 2016, la apuesta de Sánchez le cobra deuda y el electorado español, harto de la crisis de no poder formar gobierno, endosa al PP para formarlo. A pesar de eso, como ya mencioné, Sánchez vuelve reforzado en 2017 a la secretaría general y en 2018 convence a varios partidos de oposición, incluidos los nacionalistas (regionalistas para efectos mexicanos, incluyendo al brazo político de ETA y a los independentistas y golpistas catalanes), quienes habían sido enemigos del PSOE hasta Rodríguez Zapatero, porque la vocación inicial del PSOE era constitucionalista, hasta que ya no le convino. El PP estaba debilitado por un escándalo de corrupción y la moción fue exitosa forzando la salida de Rajoy y llegando Sánchez a la presidencia sin ganar elecciones. No gana, pero arrebata.

No era la primera ni la última. A partir de ahí ha venido un festival de incongruencias, mentiras e inconsistencias a las que ya estamos acostumbrados en muchos países del mundo. Tan acostumbrados a la mentira, que ya no tiene costo político. En enero de 2020 llega a la presidencia después de unas elecciones generales y gracias a una coalición con la “izquierda extrema” (ésa si existe), el partido Podemos, y España entra a la pandemia con nuevo gobierno, cuestión que le da una estabilidad precaria al gobierno de Sánchez, quien tuvo que llamar a elecciones anticipadas en 2023 (las legislaturas duran cuatro años, la suya duró tres). El PP, ya con Núñez Feijóo, gana la mayoría de las elecciones de julio de 2023, pero no logra los votos, ni con Vox, para formar gobierno.

Sánchez habiendo quedado segundo decide negociar, ceder y violar todas sus promesas y principios para negociar una coalición, le llaman Frankenstein, porque incluye a todas las facciones con representación en España, incluyendo al golpismo catalán y al separatismo terrorista vasco y no de manera gratuita. Sánchez prometió no pactar con Bildu, prometió no generar una amnistía a los golpistas catalanes, no indultar sobre penas judiciales y luego, para gobernar, cambió de opinión. A esto hay que sumarle los escándalos de corrupción durante esta legislatura que incluyen a su mujer; imputada por corrupción; a su hermano, imputado por fraude fiscal y el fiscal general del Estado, imputado por violar el secreto del sumario. Además de el escándalo de Ábalos (su segundo, exministro y diputado del PSOE, que el jueves entró en prisión) y uno de huachicol con la vicepresidenta de Venezuela.

Y sigue sobreviviendo porque la gente sigue pensando que “al menos no nos gobierna la derecha”, la eterna ventaja narrativa. Doña Cayetana dice que mientras no volvamos a dar valor a la verdad será difícil depurar la política de los rufianes; estoy de acuerdo.

Temas:

    X