El sentido común

Hay un público contradictorio que critica el declive, pero apoya las causas del declive

El inicio de 2025 ha sido vertiginoso. Como se intuía, la presidencia del señor Trump cambia el escenario político todos los días por su estilo fuerte y contundente. Esta fuerza y contundencia es inusual en nuestros tiempos y lleva a que la ejecución de dichas órdenes no guste. En general, los medios y los políticos del mundo lo critican por autoritario, grosero, insensible e inhumano y creo que falta reflexión respecto a sus actos y la causa.

La misma gente que dice que Estados Unidos es un imperio en declive es la que critica la dureza del presidente Trump para corregir el rumbo en ciertos temas donde Estados Unidos había cambiado; es contradictorio. Me recuerda a las manifestaciones LGBTQ+ que apoyan directa o indirectamente a grupos terroristas fundamentalistas islámicos donde no sobrevivirían un solo día.

En mi opinión, muchas de las órdenes ejecutivas tienen una causa real y muchas tienen un contenido de sentido común puro y duro. Hay varios ejemplos por los que tendré el riesgo de ser criticado por ese público contradictorio que critica el declive, pero apoya las causas del declive.

¿Es derecho de un país establecer y aplicar reglas y leyes de inmigración a su territorio? Sí. Ésa es la pregunta que responde las acciones del señor Trump. Desde luego, podemos distraer la atención al hecho de que “Estados Unidos necesita la inmigración”, “los inmigrantes son gente trabajadora que aporta a la sociedad norteamericana”, “la deportación es un acto cruel” …etcétera. Y sí, son realidades con las que hay que lidiar, pero la premisa es la más relevante.

En Europa, algunos medios satíricos hacen un ejercicio interesante; detienen a la gente en la calle y le preguntan si Europa debe seguir recibiendo inmigración de países africanos y musulmanes e incluso si los recibirían en su casa. Las personas contestan que sí, por humanidad y por las condiciones de pobreza en las que viven, “tienen derecho a buscar una mejor vida”. Después el entrevistador llama a Mohamed, que es un actor sentado en condición de calle y le dicen al entrevistado que perfecto, que se lleva a Mohamed y a Mohamed le dicen que le han conseguido casa. ¿Cuántos entrevistados cree usted que aceptaron llevarse a Mohamed? Exacto, ni uno.

Lo mismo ha sucedido con la corrección política en Estados Unidos y los temas de igualdad e inclusión que parten, hace años, de premisas reales donde la gente no tenía las mismas oportunidades por condición de género, raza, preferencia sexual, etcétera. Sin embargo, lo que era una buena intención terminó en una herramienta política que lo distorsionó todo. Después de los lamentables incendios en Los Ángeles, Bill Maher, un cómico estadunidense, se burlaba en su programa sobre la misión que tenía el departamento de Bomberos de Los Ángeles. En su misión, describían que querían ser el departamento de bomberos más diverso de Estados Unidos, incluso utilizando la palabra diverso dos veces antes de hablar de rescatar gente o apagar fuegos.

Otro ejemplo es el Pentágono, donde el objetivo de tener fuerzas militares diversas era más importante que tener fuerzas militares letales y que ganen guerras.

El sentido común tiene volver a centrar los objetivos que deben tener las cosas. Deténgase un momento a pensar, querido lector, si dentro de esta lluvia de órdenes ejecutivas no hay razones reales para corregir el rumbo.

Agradezco la reaparición del sentido común en muchos temas donde a veces sólo falta cuestionar el objetivo natural de las cosas para devolverlas a su lugar. Y lo que no veo, aunque no me extraña, es la autocrítica de los gobiernos latinoamericanos para asumir las responsabilidades que les toca y que han generado muchas de estas órdenes ejecutivas.

Mientras los gobiernos latinoamericanos no maduren y asuman sus responsabilidades y vivan culpando de sus males a las condiciones externas o al malvado imperio donde les gusta vacacionar, nunca seremos considerados aliados o socios serios de Estados Unidos. Los aranceles no tienen sentido común, pero vienen de nuestra irresponsabilidad.

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