El nuevo mundo
Las elecciones libres no son virtuosas por sí mismas y de América Latina nunca se fue el fantasma del socialismo voluntario
¿Quién nos iba a decir que los años noventa iban a ser los más prósperos y pacíficos para el mundo, pero que sólo sería por un periodo breve? Como sabemos todos, el periodo después de la Segunda Guerra Mundial fue una época en la que el mundo estaba dividido en básicamente dos polos, aunque, cómo nos recordó Jorge Castañeda en su artículo en Nexos, había un irrelevante bloque de los no alineados, más nombre que verdad.
Durante los años ochenta, el comunismo (en su receta original) fue derrotado por sí mismo al acabarse los recursos por repartir, sin generar más riqueza, que sí fue lo que hizo el capitalismo. Cuando en 1989 cae el muro de Berlín y posteriormente cae la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, gracias también a la efectiva intervención y fuerza de tres líderes memorables, Reagan, Thatcher y Juan Pablo II, el mundo occidental pensó que todo sería miel sobre hojuelas y que las cosas se acomodarían por sí mismas para convertir al mundo en una sucursal de Estados Unidos de manera sistemática, aunque con sus propias diferencias.
Pero las cosas no resultaron así. Las elecciones libres no son virtuosas por sí mismas y de América Latina nunca se fue el fantasma del socialismo voluntario, alimentado de unas diferencias sociales importantes, pero más de una ignorancia profunda que hace a los pueblos presa fácil del nuevo socialismo en su versión populista. Y así es como todo el subcontinente latinoamericano, menos México (gracias al TLCAN) y Chile, que salía de una dictadura militar de derecha, fueron y vinieron entre el neoliberalismo (palabra peyorativa estos días) y el populismo, lo que no ha permitido el establecimiento pleno de un sistema democrático liberal y capitalista. México y Chile, con el paso del tiempo cedieron en la aventura populista y lo pagaremos, como todos.
En Europa, la invención de la Unión Europea fue un éxito económico sin paralelo en el mundo. Todos los países que han entrado a ella han prosperado medianamente bien, con casos de éxito relevantes como España y Polonia, mientras que Grecia puede ser el más desaventajado. Pero hay dos problemas que Europa no pudo ver; el primero es su decadencia demográfica, que es imparable, y la segunda es que Rusia sigue siendo Rusia. Ambas circunstancias generan problemas reales en el crecimiento económico de Europa. Algunos países, desesperados por mano de obra, han abierto las fronteras de manera irresponsable y sin pensar en las diferencias culturales para la gente nativa europea. Ya lo dijo JD Vance, el segundo país musulmán en tener armas nucleares puede ser el Reino Unido.
Ciertos lideres europeos pensaron que la cercanía con Putin sería de ayuda para Europa y un balance frente a Estados Unidos que, para la izquierda europea, no es una buena influencia, aunque le deban tanto. La izquierda siempre anteponiendo el ideal a la realidad y la conveniencia.
Quizá donde el tablero ha cambiado de mayor manera es en Asia. Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón tuvo un crecimiento vertiginoso y un desarrollo económico que le generó una gran clase media con mucha capacidad de consumo. El modelo japonés fue emulado por Corea y, ahora, por otros países del sureste asiático. El capitalismo ha funcionado aquí, porque hay orden y educación mínima, lo que los hace entender que, si no se trabaja, no se consigue nada y que el dinero del gobierno es de los contribuyentes.
El cambio más importante en el orden mundial es, sin duda, China (India comparte la mala educación y el desorden latinoamericano). En el caso de China, su crecimiento económico bajo un nuevo sistema que no es propiamente capitalista, sino una combinación de dos sistemas económicos manejados por el gobierno central a costa de ceder muchas libertades, ha generado un desarrollo industrial que no se había visto en la historia. China es la fábrica del mundo y ese manejo dual de la economía le permite competir (de manera injusta en la economía de mercado) agresivamente contra Occidente. Estados Unidos se ha dado cuenta tarde de esto y trata de enmendar, pero quizá China ya tiene demasiadas redes tendidas y amistades compradas.
