El nuevo mundo II

Hace un par de semanas escribí mi columna intentando resumir cuáles eran las condiciones del mundo actual y lo mucho que han cambiado las cosas. El mundo recordará los años 90 y la primera década de este siglo como un periodo excepcional por la paz, el crecimiento ...

Hace un par de semanas escribí mi columna intentando resumir cuáles eran las condiciones del mundo actual y lo mucho que han cambiado las cosas. El mundo recordará los años 90 y la primera década de este siglo como un periodo excepcional por la paz, el crecimiento económico y la consolidación de las libertades. ¿Será coincidencia que fue cuando la “izquierda” del momento estaba derrotada? En EU se veía un crecimiento económico sin precedentes gracias a las políticas económicas de Reagan.

Y es que hoy, pasada la lucha entre las derechas y las izquierdas del momento, nos damos cuenta de que el enemigo de la libertad se transformó y entró por un lado distinto. En el siglo pasado hubo dos enemigos de la libertad que estuvieron perfectamente identificados: el comunismo (el socialismo se usa como atenuación)  y el fascismo. Ambas tienen como objetivo un Estado grande y fuerte que regule las actividades de la sociedad. El mundo tuvo que escoger entre luchar contra uno y dejar vivo al otro. La diferencia es que ya no funcionaba la lucha de clases y ahora se ha promovido la lucha de sexos, razas, culturas y hasta de gordos contra flacos, con el fin de dividir y dominar.

Éste es un fenómeno que sucede en Occidente, pero no en los enemigos de Occidente y esto es relevante: los mejores años de Occidente han sido los más capitalistas, cuando más empresas se generaron, más tecnología se desarrolló y más gente salió de la pobreza; cuando menos Estado ha habido. Sólo ver un mapa de Corea del Norte y Corea del Sur de noche debería terminar la discusión con cualquier persona que dude sobre los sistemas políticos y económicos y sus resultados. Decían que el socialismo/comunismo era tan malo que ni siquiera los alemanes lo hicieron funcionar. La eterna disputa entre riqueza e ideal; no se convalidan. Para poder garantizar que todos los grupos ofendidos o vulnerados e identificados por la nueva dialéctica estén representados y voten por ciertos perfiles, ahora el Estado se ha encargado de regular absolutamente todo y con ello mata dos pájaros de un tiro. El primero es el coartar las libertades para el control del pensamiento y lo segundo es perpetuar el discurso de las ofensas o diferencias bajo el argumento del derecho de las minorías, manteniendo viva una clientela política inacabable.

No importa si se cae en incongruencias, la “izquierda” tiene justificados todos sus métodos. Que si Trump impone medidas duras contra inmigrantes: “La migración es un derecho”, “los mexicanos de allá sólo contribuyen a la economía”, “las fronteras son inventadas”. Pero si en la Condesa hay salsas que no pican y las rentas subieron, los mismos, organizados por los mismos: “Fuera gringos de aquí”, “regrésense a hablar inglés a su país”. Si se trata de estatuas, no se diga, “quitemos la de Cristóbal Colón”, “no tengamos ninguna de Hernán Cortés porque nos invadió”; pero si son del Che y de Fidel hay una indignación profunda.

China es la potencia que va a provocar los cambios económicos y comerciales del mundo, porque su doble economía manejada exclusivamente por el Estado genera eficiencias de costo que son incompatibles con Occidente. El problema es que Occidente no puede cerrarle las puertas a China, porque ya depende de ella.

Lo que deberíamos estar pensando es cómo ser más competitivos, cómo desarrollar más tecnología e insertarnos en los siguientes 50 años del mundo. Pero no, los gobiernos y las empresas de Occidente están más enfocadas en seguir creando burocracias internas que frenen la competitividad en lugar de asegurarla. Por eso el wokismo es una pastilla envenenada con la que los adversarios de Occidente ven cómo enferma a la sociedad occidental. O cambiamos o perdemos.

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