El Estado, a lo suyo
Es la certidumbre y su constancia lo que genera la confianza
El gobierno es el problema, no la solución.
Ronald Regan
No es sorpresa para nadie que la economía mexicana esté estancada. Desde 2018, el gobierno mexicano de ese entonces tenía una idea muy fija de que los empresarios eran los enemigos del pueblo y que no pagaban impuestos, por lo que había que castigarlos, golpearlos y sobrerregularlos. Hubo, al principio de ese sexenio, una persecución real para que muchas empresas se sometieran al pago de impuestos que, según el SAT se debían, haciendo el primer intento de la cárcel preventiva por temas fiscales.
Después, convencidos de que el gobierno es quien genera la inversión y la riqueza, empezaron a cambiar proyectos, a quitar proveedores, a inyectar recursos en empresas estatales… todo lo que usted ya sabe. Después dejaron de pagar a proveedores, extinguieron los fideicomisos y se pelearon con nuestros socios estadunidenses. Trataron de forzar proyectos como el Tren Transístmico, negando permisos federales para otras zonas como el norte y el Bajío so pretexto de que no había agua; total una master class de cómo minar la confianza del sector privado en un proyecto de país con las oportunidades que México representa.
Afortunadamente, para poder construir sobre algo, el gobierno federal actual ha venido trabajando con el sector privado de una manera más coordinada y se ha trabajado mejor en la relación y en la estrategia, vía el Plan México. Desde mi punto de vista, es un plan perfectible lleno de generalidades y que parece más una declaración de intenciones que un plan viable y ejecutable, pero tiene su mérito viniendo de donde venía.
Sin embargo, el gobierno no ha entendido la relevancia de la confianza para generar mejores condiciones económicas hacia el futuro. La confianza es un sentimiento que tarda mucho en generarse y poco tiempo en destruirse. Cuando todo parecía que sería distinto vino la reforma judicial, la liquidación de los órganos autónomos, la Ley de Amparo, la persecución fiscal y el trato violento ante cualquier especie de disidencia. Esto no genera confianza y no será fácilmente olvidable por el sector privado nacional o extranjero. Tampoco por los gobiernos de los países que son nuestros socios comerciales.
La confianza en México no es un asunto de personas ni de narrativas sin consistencia. Siempre es mejor tener gente inteligente y con conocimiento para representar los interese del país, pero si se dice una cosa y se hace otra, no se va a generar confianza.
México ha tenido muchas ventajas históricas que no ha sabido aprovechar y seguimos sin aprovechar. He venido escribiendo sobre la relevancia que tiene México para Estados Unidos: esta semana, por primera vez en la historia, México se convirtió en el principal socio comercial de EU, contando tanto importaciones como exportaciones. Es una súper noticia que ambos países pudieron haber aprovechado para subrayar el futuro y potencial de la región, pero políticamente hoy es inviable hacer cualquier tipo de mercadotecnia al respecto.
México tiene que ponerse en orden. Tiene que empezar a trabajar en generar esa confianza necesaria para que vuelvan las nuevas inversiones, haya mejor infraestructura, haya seguridad (hoy, por cierto, los transportistas se manifiestan en todo el país porque los están asaltando, matando y secuestrando en las carreteras), se tienen que revisar los excesos de los cambios legales recientes para poder generar certidumbre constante. Es la certidumbre y su constancia lo que genera la confianza. Sin confianza no habrá inversión y nadie quiere eso para México.
SÁNCHEZ Y EL MANUAL
El 20 de noviembre el Tribunal Supremo condenó al fiscal general del Estado por utilizar la estructura del Estado para eliminar a un adversario político. El tribunal ordenó la separación del fiscal y una multa; la reacción del gobierno izquierdista de Sánchez fue la de descalificar al tribunal ¿le suena? España es un país con instituciones más fuertes que México, pero no son indestructibles frente a una pandilla de irresponsables convencidos de mantener el poder a costa de lo que sea.
