Charlie Kirk

Las palabras dividen, llamar cosas que no son es peligroso, los idiotas, que hay muchos, se lo creen.

La noticia del asesinato de Charlie Kirk fue muy relevante en redes sociales, pero pasó parcialmente desapercibida en otros medios. Es entendible, en un país con la cantidad de escándalos de corrupción, la estridencia política y los accidentes evitables que dejan muertos y familias rotas, es imposible estar en todo.

Pero el caso de este hombre es trascendente por varias razones desde mi punto de vista, porque no es una situación localísima que sólo pasa en Estados Unidos, es un problema presente en todo Occidente y que está llegando a momentos peligrosos que pueden desatar conflictos mayores. Al momento de escribir esta columna, me entero de que el asesino de Kirk ha sido arrestado. Y fue arrestado porque fue entregado por su propio padre, sabiendo que entrega a su hijo a una muerte segura y que no lo volverá a ver; el padre merece la mención por su sentido de honor y de entereza.

No conocía a fondo el trabajo de Kirk, aunque sus posturas proOccidente y sus valores fundamentales hacían que me apareciera en las redes sociales. Particularmente me impresionó un discurso muy duro que le dio a los ingleses en Oxford que debió haberlos apenado por su contundencia y verdad. En otros debates que he visto, puede ser demasiado religioso para mí, ateo gracias a Dios, pero entiendo de dónde viene.

Lo que nadie puede disputar son las virtudes de la persona. Un orador virtuoso con la cabeza ordenada y amueblada, pero que, a diferencia de los oradores a los que estamos acostumbrados, no buscaba un puesto de elección, por lo que su urgencia no era conseguir un voto. Su intención era convencer con argumentos y a eso se dedicó. Todas las aptitudes mejoran con el entrenamiento, él se dedicó a debatir ideas en las universidades americanas que están enfermas del radicalismo de izquierda que tiene infectado a Occidente.  Su movimiento y presencia en los campus universitarios era “Prove me wrong”, que en inglés es algo así como que “Convénceme de que estoy equivocado”. Vale la pena ver los debates, Kirk usaba la palabra con facilidad y contundencia para atacar las políticas progres mediante la implementación de la única arma que queda a la gente de centro y la derecha (ya sabe usted mi posición), que es la sensatez, el sentido común y la lógica. Los hacía pedazos y dejaba en descubierto que la izquierda progre radical y wokista es peligrosa porque es mesiánica.

Su asesinato pone en manifiesto varias cosas que creo debemos reconsiderar en Occidente. La primera es que la ventana de Overton se ha movido demasiado a la izquierda (se supone que lo que está dentro de la ventana era lo aceptable, lo que estaba fuera se consideraba radical). Al correrse hacia la izquierda, la ventana cubre el radicalismo progre y descubre la sensatez del centro y la derecha. Al descubrirlo, la izquierda progre se toma la licencia de llamar fascista o nazi a quien sea que no quiera aceptar la imposición progre. Un hombre vestido de mujer no es una mujer, es un hombre vestido de mujer; pues esto es suficiente para llamarme nazi.

El problema es llamar a gente nazi o fascista con ligereza. Para algunos las palabras quedan vacías, pero para otros las palabras generan odio, éstos son los peligrosos. Las palabras dividen, llamar cosas que no son es peligroso, los idiotas, que hay muchos, se lo creen. La segunda reflexión que, además ha estado presente en conversaciones recientes con amigos de los que aprendo, es que la superioridad moral de la izquierda es un problema real, porque niega el otro punto de vista. “Somos mejores, no somos iguales” genera la necesidad de imponer sin la necesidad de convencer y negociar. Esto aplica en todos los sentidos, desde una discusión familiar hasta cambiar la constitución y el modelo político de un país sin conceder; la imposición es ilegitima y contra el derecho y la libertad del otro. Para la izquierda, la tolerancia es un derecho unilateral.

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