El heroísmo de María Corina Machado

Desde que se instauró la dictadura chavista en Venezuela, ella la ha combatido con sensatez, firmeza, valor y sin desmayo. En aras de su lucha ha sacrificado su libertad de movimientos —vive oculta— y la compañía de sus seres más queridos, sus hijos. Éstos salieron del país para evitar que el régimen chavista cobre venganza contra María Corina encarcelándolos o asesinándolos.

Recibí con inmensa alegría la noticia de que a María Corina Machado se le otorgó el Premio Nobel de la Paz, galardón ampliamente merecido. Desde que se instauró la dictadura chavista en Venezuela, ella la ha combatido con sensatez, firmeza, valor y sin desmayo. En aras de su lucha ha sacrificado su libertad de movimientos —vive oculta— y la compañía de sus seres más queridos, sus hijos. Éstos salieron del país para evitar que el régimen chavista, que ha mostrado ser capaz de todas las atrocidades, cobre venganza contra María Corina encarcelándolos o asesinándolos a ellos.

El gobierno de Nicolás Maduro no sólo es una dictadura que ha reprimido con crueldad extrema a opositores, críticos y manifestantes, y que ha sumido a Venezuela en la miseria de la gran mayoría de sus habitantes y en el desabasto de productos básicos como medicamentos y productos de higiene, lo que ha ocasionado una diáspora de nueve millones de venezolanos, la tercera parte de la población del país. Esa tiranía se ha financiado del narcotráfico, el contrabando de oro y armas, el mercado negro y el petróleo. Además, ha sido anfitriona de guerrillas, agentes cubanos, rusos e iraníes, y grupos terroristas.

El presidente del Comité Noruego del Nobel, Jorgen Watne Frydnes, explicó que la líder opositora venezolana fue premiada “por su incansable trabajo de promoción de los derechos democráticos para el pueblo de Venezuela y por su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia. Es uno de los ejemplos más extraordinarios del coraje civil en América Latina en tiempos recientes”. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se dirigió a la condecorada: “El galardón honra no sólo tu valentía y convicción, sino también a cada voz que se niega a ser silenciada en Venezuela y en todo el mundo. El galardón envía un mensaje poderoso al reconocer que el espíritu de libertad no puede ser encarcelado y que la sed de democracia siempre prevalece”.

María Corina ha conquistado un enorme prestigio entre sus connacionales y a nivel internacional. La confianza y el cariño que le profesan los venezolanos quedó claramente de manifiesto en la elección presidencial del año pasado. La oposición que encabeza obtuvo las dos terceras partes de la votación. Esos votos fueron para el candidato opositor Edmundo González, pues ella no pudo contender dado que fue inhabilitada por una resolución arbitraria, jurídicamente indefendible, del servil tribunal supremo de su país.

La oposición, ejemplarmente organizada, demostró su triunfo exhibiendo las actas electorales. Nicolás Maduro nunca exhibió las que tenía en su poder porque en ellas lo que constaba, lo único que podía exhibir, era su contundente derrota. Al no presentar las actas, que en cambio sí publicó la oposición, Maduro quedó exhibido, desnudado, ridiculizado ante el mundo, lo que no le perdona a María Corina. Sin poder demostrar que había triunfado, pues era indemostrable, se agandalló la presidencia y reprimió brutalmente las protestas contra el burdo fraude: asesinatos de manifestantes, torturas, encarcelamientos injustificados, desapariciones. Maduro es un usurpador que se mantiene en el poder sólo por el apoyo de sus fuerzas armadas y sus grupos paramilitares, gentuza de matones.

María Corina Machado tuvo que pasar a la clandestinidad, en la que está desde hace más de un año, para no ser detenida o asesinada. Desde el lugar ignoto donde se encuentra, es el icono de los ciudadanos que quieren un país libre, democrático, justo, progresista, incluidos madres y padres que anhelan fervorosamente que sus hijos en el exilio regresen. El delito por el que se le persigue ha sido el de combatir con convicción, inteligencia y coraje a la narcodictadura que ha hundido a su país. Como todo heroísmo, el suyo tiene, por decirlo con palabras de Borges, el sabor de lo real y de lo increíble.

El “sin comentarios” de la presidenta Claudia Sheinbaum, al pedirle su opinión sobre la decisión del Comité Noruego del Nobel, no sólo es mezquino y ridículo: también delata, como si hiciera falta, la extraña, perversa simpatía que ella, su antecesor y su partido profesan a dictadores criminales como Nicolás Maduro.

Entrevistada por Javier Lafuente (El País, 10 de octubre), María Corina Machado dijo: “Yo no tengo duda de que esto será un impulso fundamental que recibimos los venezolanos. Nunca hemos estado tan cerca de la libertad como en este momento”. Así sea.

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