La Presidenta y su evento con los militares el ocho de marzo

La Presidenta lo justificó como un homenaje a las mujeres de las FA.

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Varias mujeres con credenciales feministas impecables me han comentado su enojo por la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de conmemorar el Día Internacional de la Mujer con las Fuerzas Armadas en el Campo Marte de la Ciudad de México.

Mientras miles de mujeres se manifestaban en distintas urbes del país, incluyendo la capital, protestando por la violencia de género, la primera jefa del Estado se reunía con los oficiales del aparato de coerción por excelencia del Estado, es decir, el Ejército y la Marina.

La Presidenta justificó este evento como un homenaje a las mujeres de las Fuerzas Armadas. Dijo: “Sepan que el pueblo de México las ve, las reconoce y las respeta. Sepan que su servicio fortalece a nuestro país y sepan que cada paso que dan abre camino para muchas mujeres mexicanas. Y si alguna vez dudan de la grandeza de lo que hacen, recuerden esto: detrás de cada paso suyo, late el corazón agradecido de todo un pueblo y de toda una nación. Sigamos avanzando juntas. Sigamos construyendo un México donde ninguna mujer tenga límites; un México donde la igualdad sea una realidad cotidiana; un México donde la historia, el talento y la vocación de cada mujer encuentren siempre un espacio para florecer”.

Pocos escucharon el mensaje completo de la Presidenta. Lo que más vimos fue la imagen de Sheinbaum rodeada de hombres con uniformes militares de gala, por más que intentaron poner a muchas mujeres en el presídium.

Es lógico: las mujeres siguen siendo minoría en las Fuerzas Armadas.

En el evento, el secretario de la Defensa Nacional informó que en el Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional hay 42 mil 660 mujeres. Esas tres ramas tienen alrededor de 300 mil elementos, por lo que la participación porcentual femenina es de un escaso 14 por ciento.

En cuanto a los altos mandos, en el Ejército hay alrededor de 150 generales de brigada y 300 generales brigadier, un total de 450. Actualmente, sólo existen siete mujeres con grado de general, una de brigada y seis brigadier, 1.5 por ciento.

En la Armada Marina, la equidad de género es un poco mejor. Se calcula que 26% de los elementos de este cuerpo castrense son mujeres. En cuanto a los altos mandos, tenemos alrededor de 90 almirantes y vicealmirantes, de las cuales tres son mujeres, una almirante y dos vicealmirantes, 3.3% del total.

La realidad es que las instituciones castrenses siguen siendo muy masculinas.

Supongo que la Presidenta quería que se viera la imagen de todos esos hombres con uniformes militares de gala cuadrándose frente a una mujer, la primera comandante suprema de las Fuerzas Armadas de la historia del país.

(En este texto, como suelo hacer, sigo las reglas de ortografía del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española que todavía son muy patriarcales. El término “comandanta”, por ejemplo, increíblemente significa, según este Diccionario, la “mujer del comandante” o la “nave en que iba el comandante o jefe de una escuadra o de parte de ella”).

Yo no veo mal que la Presidenta haya reconocido a las mujeres de las Fuerzas Armadas en su día. Pero claramente este acto no gustó a muchas feministas que vieron una falta de empatía de la jefa del Ejecutivo con las sentidas demandas de las mujeres en contra de la violencia de género.

Retomo, en este sentido, la opinión de Sabina Berman, feminista de larga data. Esto tuiteó el nueve de marzo:

“La desconexión que ayer se observó entre las feministas de a pie y las mujeres del gobierno, es un asunto de símbolos pero también de eficacia. Nadie quiere que el gobierno —aun este que se declara a sí mismo feminista— encabece los actos del 8M.  Pero sí que muestre y demuestre su CONEXIÓN con las feministas de a pie, que son el alma del movimiento desde siempre, y hoy día el mayor movimiento social espontáneo del país. ¿Qué hubiera sido bueno, a mí parecer? Un largo y morado abrazo de bienvenida en los zócalos. Banderas moradas en el mástil de cada zócalo. Edificios iluminados de morado. Y luego conversación real. Entrega de resultados en el combate a las violencias contra las mujeres; en derechos adquiridos; y sí, también el recuento de lo que falta. ¿Estamos conectadas sí o no las feministas de a pie, las del gobierno y las del relato?  Ayer no lo pareció. Para el siguiente 8M la posibilidad de que se muestre y se demuestre”.

Lo dice una simpatizante de la Cuarta Transformación. El mismo reclamo he escuchado de otras mujeres que se consideran feministas. No les gustó el acto de la Presienta con las Fuerzas Armadas el ocho de marzo. Esperan más de ella, la primera mujer jefa del Estado. A ver si Sheinbaum las escucha y hace algo diferente, con más empatía, el próximo año.

               

                X: @leozuckermann